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jueves, 10 de mayo de 2012
Calvo, S.: Reseña histórica de la educación ambiental
Traemos al blog las reflexiones de Susana Calvo sobre la historia y evolución de la educación ambiental. Este artículo, Reseña histórica de la educación ambiental, apareció en el especial sobre educación ambiental, Treinta años de educación ambiental, coordinado por Carmelo Marcén para la revista Ecodes.
Los comienzos
La educación ambiental es un movimiento social que surge como una reacción ante el modelo de desarrollo que se impulsa en occidente después de la segunda guerra mundial, modelo en el que hoy se inscriben las grandes contradicciones a que ha dado lugar la evolución cultural y técnica de las sociedades dominantes de la especie humana sobre el planeta tierra.
Recoge los aires de cambio social de los años 60 del siglo pasado, el surgimiento de los movimientos que desembocaron en el llamado Mayo del 68 o Primavera de Praga, cuando todavía el mundo se dividía en este y oeste. Son todas reacciones al sistema establecido, realizadas por personas y grupos que se sentían capaces de cambiar la historia,. Se trataba sin duda de explorar sobre nuevas maneras de entender las relaciones humanas en una época de crisis social, similar a la que vivimos ahora. Eran corrientes políticas que valoraban la imaginación y el cambio, la solidaridad y la justicia, cargadas de una fuerte componente de ilusión. La época del peace and love es también la de los inicios de las actividades de educación ambiental.
En pocos años, la acogida de los organismos internacionales y su fantástica difusión lograron atraer hacia esa corriente de la educación ambiental a muchos de los inquietos, románticos, cambiadores de mundos, que se convertirían en educadores ambientales.
La construcción
Los primeros en utilizar el término educación ambiental y en definirlo fueron norteamericanos. William Stapp, que después se convirtió en el director del Programa Internacional de Educación Ambiental (UNESCO-PNUMA), y su equipo (Universidad de Michigan) publicaron un artículo sobre la conceptualización de la EA en el primer número del Journal of Environmental Education: “La educación ambiental tiene como objetivo producir unos ciudadanos dotados de conocimientos sobre el entorno biofísico y sus problemas, conscientes de cómo resolver esos problemas, y motivados para trabajar en busca de una solución” (1969).
La rápida evolución de la educación ambiental estuvo ligada a los organismos internacionales. La Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano (Estocolmo, 1972) llamó la atención sobre la relevancia de la educación ambiental y dio lugar al Programa Internacional de Educación Ambiental (1975-1995), y antes, la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (UICN) había facilitado conferencias, talleres y publicaciones.
Las etapas en la construcción de la educación ambiental están formadas por referencias de conferencias internacionales, por lo tanto los textos fundacionales son fruto de pactos políticos para la obtención de consensos, de manera que pudieran ser aceptados por países con regímenes muy diferentes. No son libros de autor, no hay referencias explícitas a modelos o teorías del conocimiento, aunque haya ideologías subyacentes. El consenso facilitó la difusión de los documentos y su aceptación por parte de los gobiernos. Son acuerdos de mínimos, con los que se construyeron nuevas posibilidades de pensamiento, y, por lo tanto, de acción.
Los documentos fundacionales de la educación ambiental, Belgrado y Tbilisi además de ser hermosos, resultan textos con los que es difícil estar en desacuerdo. Más que cumplirse al pie de la letra, han resultado inspiradores, sobre todo respecto a los grandes fines. Las definiciones resultan globales y se difuminan a la hora de acordar los procedimientos para llegar a esas metas. Esto dificulta su aplicación, pero concede también un amplio margen a la creatividad y a la adaptación a los contextos ambientales y culturales donde se realizan los programas.
Las referencias internacionales más relevantes son de dos tipos, las grandes conferencias sobre el ambiente, que son puntos de inflexión en la conceptualización y la acción, las Conferencias de Estocolmo (1972), Río de Janeiro (1992) y Johannesburgo (2002) y las específicamente dedicadas a la educación ambiental, normalmente derivadas de las anteriores, Belgrado (1975), Tbilisi (1977), Moscú (1987) y Tesalónica (1997). Entre ellas, como inspiradoras de las evoluciones, las dos estrategias mundiales de conservación de UICN/WWF/PNUMA, de 1980 y 1991.
Los documentos fundacionales promovidos por la propia UNESCO hablan desde un principio de las condiciones sociales y económicas, de la desigualdad y de la necesaria corrección de los sistemas de producción y consumo. En estas discusiones globales no hay que desdeñar lo atractivo que supone encontrar términos que quizá señalan, y quizá ocultan, la verdadera polémica, que sigue siendo el cambio de paradigma cultural necesario para lograr un mundo equitativo en lo social y sostenible en lo ecológico, y cuál es la aportación que puede hacerse desde los instrumentos sociales entendidos como aprendizaje, es decir, desde la educación ambiental.
Un último apunte en el ámbito internacional es la polémica sobre el cambio de nombre, de EA a educación para el desarrollo sostenible. Es este documento estamos con de acuerdo con la reflexión realizada por Lucie Sauvé (Congreso Mundial sobre Educación Ambiental, Turín, 2005): el ambiente es aquello que nos rodea, donde realizamos nuestras acciones cotidianas, el lugar en el que se materializan los conflictos humanos por el uso del territorio, mientras que el desarrollo sostenible es un concepto ideológico que existe sólo en el campo de lo conceptual.
La educación ambiental en España
Tal como hoy día la conocemos, (la EA) había empezado, en efecto, en 1975 con la creación del primer itinerario de la naturaleza, establecido en el bosque de Santiga, cerca de Sabadell” (Folch, 1990). Fecha simbólica, porque fue también el año de la muerte del dictador.
La situación política en España en 1975 configuró un estilo de educación ambiental propio, si bien las referencias internacionales estaban presentes: “es cierto que disponemos de marcos teóricos, pero en general nuestras ideas y nuestra actividad siguen su curso independientemente de ellos y se modelan más por nuestra historia local y nuestro entorno concreto. Sabemos, por ejemplo, que en los inicios del movimiento de la EA, nuestra práctica se adaptó menos a Tbilisi que a los movimientos de renovación pedagógica del país” (Franquesa, 1995, pág. 9).
De la misma manera que en los demás países, la educación ambiental se expande con rapidez y se integra con dificultad. Pero en ambos casos se inicia en tiempos de efervescencia social, de ilusión y de cambio, esperanzas de intervención en la vida política, deseos de preservación de la naturaleza, posibilidades de acción y renovación del asociacionismo y de la educación, la confluencia de muchas ideas diferentes sobre el modelo político y social.
En la década de los 80 hubo, en todo el territorio español, muchas personas y grupos que ponían en marcha actividades de educación ambiental, para cambiar a las personas, y por lo tanto, cambiar el mundo. Para eso proponían campañas, o entraban en el movimiento ecologista como voluntarios, recreaban el mundo en un equipamiento o constituían empresas de servicios de educación ambiental.
De las ideas y los sueños a la concreción de las actividades o programas de educación ambiental, hay un paso intermedio que está formado por personas, con todo lo que ello significa de ideologías, esperanzas, objetivos y relaciones. Todas esas personas han ido tejiendo a lo largo del territorio español una red de relaciones que ha desembocado en la creación de un sector profesional, ingenuo en sus comienzos, poco a poco más sabio, comprometido siempre. Jornadas, seminarios, asociaciones y encuentros han servido para consolidar esas redes, en un primer momento más informales y libres, más frágiles también. Distintas formaciones, diferentes entornos de trabajo, pero un deseo común de mejorar, de aprender juntos cómo enfrentar los problemas que aún no se llamaban socioambientales.
Las nuevas administraciones surgidas en la democracia dejaban un hueco para la educación ambiental, muy determinado por las personas que estaban en ese momento en ese lugar. Más que una planificación de las necesidades de la gestión, incluyendo entre ellas la educación ambiental, hubo una convergencia entre la influencia exterior, marcada por las Conferencias internacionales de las Naciones Unidas, con una presión, llevada cabo por los educadores ambientales. En el desarrollo de la educación ambiental en España ha habido mucho de improvisación y de azar, y una intermitencia de actividades y programas derivada, en demasiadas ocasiones, de la situación institucional del educador ambiental concreto, en cada caso, y de la sensibilidad ambiental y la honradez profesional y personal de cada cargo directivo en la institución, también en concreto. En este breve recorrido hacemos nuestra la caracterización de Óscar Cid de los educadores ambientales españoles según las tres jornadas estatales: en Sitges (1983), pioneros; en Valsaín (1987), comprometidos y en Pamplona (1998), profesionales.
Para realizar esta historia en pocas palabras, más que en la bibliografía, hay que mirar en las publicaciones resultantes de las jornadas y de los seminarios, porque ahí es donde está reflejado el curso de las actividades y programas, las preocupaciones, los problemas, las expectativas, los obstáculos y las prioridades que han orientado el trabajo en este recorrido desde la aspiración de salvar el mundo hasta convertirse en un instrumento para el aprendizaje individual y social, con el horizonte de la sostenibilidad.
Las Primeras Jornadas de Sitges significaron un antes y un después. Sin declaración final, sin manifiestos ni brindis al sol, permitieron que las personas y los grupos que trabajaban de forma aislada en todo el territorio se conocieran y empezaran a trabar esas relaciones que aún hoy se mantienen y que dan forma a la educación ambiental española. Los participantes, unos 300, eran representantes de las ONG, de universidades y de instituciones ambientales y educativas, junto a los movimientos de renovación pedagógica, que encontraron en la EA un campo de encuentro propicio.
El listado de los grupos de trabajo presenta una situación de tanteo, mirado con los ojos de hoy. Los tres primeros se refieren al medio (natural, urbano y gestión), el cuarto a la sensibilización del público, el quinto a los métodos audiovisuales., y el Grupo de trabajo número 6 “La educación ambiental: bases científicas y planteamientos metodológicos” estaba dedicado en su totalidad al sistema educativo formal, como si sólo en el ámbito de las enseñanzas regladas fuera necesario pensar en bases científicas o en metodología.
Las Segundas Jornadas nacionales Fueron organizadas por ICONA, MOPU e Instituto de la Juventud, en 1987, inaugurando el CENEAM (Valsaín, Segovia). Objetivo común: desencadenar un proceso de sensibilización que alcance a toda la sociedad y que conduzca a generar una opinión social favorable a la óptima gestión del medio.
Los Grupos de trabajo, mucho más concretos, se estructuraron a partir de las sinopsis enviadas por todos los participantes, es decir, nos muestran el mapa de las inquietudes y las actividades y programas del sector, como si fuera una foto de la educación ambiental en aquellos años: Uso educativo de los espacios naturales; Sistema educativo; Equipamientos y recursos; Medios de comunicación; Programas Institucionales de EA; y Sensibilización social.
Aunque la educación ambiental se diversificaba, aún seguía teniendo como destinatarios principales a los escolares. Es significativo que el Grupo de Trabajo Programas Institucionales dice “que las instituciones apoyen los esfuerzos de la educación ambiental” (Informe Final. Volumen III, pág. 68). La educación ambiental es ajena al departamento, destinada a escolares y en menor medida al público en general, en cumplimiento de la resolución 96 de Estocolmo (1972), como si Belgrado no hubiera existido (1975) ni Tbilisi (1977). No se pide a las instituciones que utilicen la educación ambiental, sino que la apoyen, como algo ajeno y precioso.
De las conclusiones de los distintos Grupos de trabajo, se extrajeron cinco objetivos generales:
• SENSIBILIZACIÓN SOCIAL: el objetivo es el de la sensibilización social y por lo tanto la valoración hay que hacerla desde una perspectiva global.
• PROFESIONALIDAD: es necesario que las personas dedicadas a la educación ambiental acentúen su propia exigencia en cuanto a su profesionalidad y rigor en el trabajo.
• GESTIÓN DEL MEDIO: debe ser el eje que articule la estrategia global de la educación ambiental. La gestión no debe entenderse sólo como resolución de los problemas, sino que debe incluir los valores positivos del medio (calidad de vida). Hay que trabajar en problemas globales que tengan en cuenta a todos los que intervienen en la gestión del medio.
• DESTINATARIOS: en principio la EA está dirigida a toda la población, y no sólo a la población escolar, que es a la que actualmente se dedican los mayores esfuerzos. Se deben diseñar programas específicos para abarcar a todos los grupos sociales.
• ESTRATEGIA GLOBAL: se pretende recoger todo lo anteriormente expuesto y dar pautas generales para que los trabajos de EA no sean aislados sino que estén enmarcados en una estrategia basada en los principios generales comunes a la mayoría. (Segundas Jornadas de Educación Ambiental, Volumen I, pág. 23)
Si las jornadas han sido los hitos, los seminarios permanentes han sido los procesos que han permitido una construcción colectiva de una educación ambiental sui generis en España. Ha sido y aún es, una historia un poco en la sombra, que se ha hecho más por las convicciones personales que por las grandes declaraciones de organismos internacionales. Actividades y programas en gran medida artesanales, analizados y revisados en los foros de encuentro, en los seminarios permanentes.
Uno de los primeros programas de reflexión y aprendizaje fueron los Seminarios Permanentes de Educación Ambiental (1988-1993), creados a solicitud de los participantes de la Segundas Jornadas (Valsaín, 1987). El deseo de encontrar marcos de acción, la necesidad de ser más eficaces, el querer dejar de ser una bonita teoría con malas prácticas, produjeron esas estructuras informales de formación, que tenían dos objetivos:
• “Proporcionar foros de discusión, lugares de encuentro donde poder expresar las preocupaciones y las dudas que surgen del trabajo cotidiano. Crear ámbitos de reflexión para poder distanciarse de la práctica diaria. Se quiere volver a ella con una perspectiva más clara de lo que se pretende y de la forma de lograrlo.
• Recoger por escrito los resultados de las discusiones para ir creando un corpus teórico que enmarque las actividades. Establecer unos mínimos comunes que permitan avanzar en la construcción de la estrategia o estrategias de la educación ambiental en España” (Documentos de la reunión conjunta de los Seminarios Permanentes de Educación Ambiental, Madrid, 15 de diciembre de 1989, pág. 4).
Las Terceras Jornadas fueron organizadas por el Ministerio de Medio Ambiente y el Gobierno de Navarra, en Pamplona en 1998. Su iniciativa partió de la Comisión Temática de Educación Ambiental, órgano de coordinación entre las consejerías y el Ministerio de Medio Ambiente, de ámbito político y dependiente de la Conferencia Sectorial de Medio Ambiente.
Muchos años desde las Segundas Jornadas. Quizá demasiados. Pero la construcción del sector se había ido alimentando de los encuentros, asociaciones y seminarios, con una reflexión constante, siempre un poco marginal respecto a la gestión, construyendo unas señas de identidad que la han constituido como profesión. Este proceso de acción y reflexión ha hecho que la evolución sea constante, como vamos a ver en este tercer momento, el de los profesionales. Las Terceras Jornadas lo que ofrecen es, precisamente, la imagen de esa transformación.
Los objetivos de las Jornadas eran: ordenar el proceso de discusión y reflexión colectiva sobre el qué y el cómo del nuevo papel de la educación ambiental hacia la sostenibilidad y lograr la concreción de las grandes líneas del documento base del Libro Blanco de la Educación Ambiental en España.
Fieles a la tradición de la evolución de la EA española, los quinientos participantes reflexionaron a través del análisis de la práctica.
“Los grupos de trabajo fueron el centro de las Jornadas. Su objetivo es facilitar el análisis, la reflexión y el debate de los nuevos retos de la educación ambiental en el marco del desarrollo sostenible. Se organizan en torno a diferentes áreas temáticas y son coordinados por uno o dos expertos. El método de trabajo son los estudios de caso sobre experiencias relevantes dentro de cada tema. Para su presentación, se elabora un guión de trabajo que unifica los aspectos a tratar durante la exposición y permite maximizar los debates y llegar a conclusiones. Los 16 grupos de trabajo elegidos se agrupan en dos bloques que se desarrollan durante el segundo y tercer día de las Jornadas y durante cuatro horas cada uno, de manera que cada participante pueda asistir a dos grupos de su interés” (Memoria de las Terceras Jornadas).
El resumen de las conclusiones de los Grupos de Trabajo de las Terceras Jornadas que transcribimos a continuación es el mejor panorama que puede ofrecerse de la evolución experimentada por la educación ambiental y por los educadores ambientales españoles. Fue leído en la sesión de clausura (Memoria III Jornadas Nacionales de EA, Pamplona, 1998:
• El planteamiento teórico de la educación ambiental como materia transversal recogido en la LOGSE no ha conseguido hacerse práctica cotidiana en los centros educativos, especialmente en el nivel de secundaria. Ello se debe, entre otras causas, a las carencias que se han puesto de manifiesto en los siguientes aspectos: los apoyos institucionales, recursos, formación inicial y permanente del profesorado, flexibilidad en la organización estructural y pedagógica de los centros, y modelos y materiales para trabajar la transversalidad. No obstante, en el marco de la educación ambiental aparecen nuevos instrumentos de educación ambiental como las ecoauditorías, que representan estrategias integradas de intervención en la mejora del contexto educativo y de aprendizaje del propio proceso en las que puede participar toda la comunidad educativa. Estas estrategias pueden aplicarse desde los niveles de preescolar a la universidad, con el fin de ambientalizar tanto las infraestructuras como los curricula.
• En este sentido, las universidades participantes proponen la constitución de un grupo de trabajo y la publicación de experiencias exitosas para que puedan ser utilizadas de ejemplo en el resto de las universidades.
• La formación de los Educadores Ambientales sigue debatiéndose entre lo educativo y lo ambiental. Las distintas estrategias y modelos de formación de educadores ambientales configuran un abanico amplio, rico y plural en el que es necesario introducir criterios de calidad que permitan homologar los procesos formativos, adecuar la oferta a las necesidades de los/las educadores/as ambientales en cada contexto y a las demandas sociales. Hace falta consensuar criterios y baremos de calidad que permitan garantizar la calidad de la formación ofertada y la correspondencia entre el ámbito ocupacional y el formativo. Este proceso debería estar en permanente revisión para evitar su obsolescencia y facilitar la necesaria adopción de innovaciones en la cualificación de los/las educadores/as ambientales. La formación de profesionales para el medio ambiente requiere una correcta identificación de las competencias pertinentes, en forma de perfiles profesionales, y el desarrollo de programas de formación adecuados.
• Una línea tradicional de trabajo en educación ambiental la constituyen los equipamientos. En el momento actual hay que integrar en un proyecto común las diversas formas organizativas, de gestión y las tipologías heterogéneas existentes. Esto exige establecer un proceso reflexivo voluntario y una etapa piloto de experimentación evaluativa. Hay que entender la calidad como meta de un proceso auto-regulado por el propio equipamiento de EA antes que como una regulación institucional. Se contempla el horizonte de la homologación/acreditación como un objetivo deseable que ha de comportar beneficios tanto a los gestores como a los usuarios.
• Al cabo de 25 años de actividad de educación ambiental, uno de los problemas detectados es la falta de datos concretos sobre resultados e impactos educativos y ambientales de los diferentes programas y proyectos realizados. Por este motivo se considera prioritario profundizar en el análisis y conocimiento de los éxitos y fracasos de las prácticas de sensibilización ambiental realizadas hasta la fecha. También se considera necesario que al menos la administración incorpore, de forma sistemática e ineludible, procesos de evaluación y seguimiento al diseño de todos los programas y actividades de EA que promueve.
• El compartir y reflexionar de forma conjunta sobre experiencias concretas de EA es probablemente una de las mejores vías de evaluación-investigación a partir de la acción. En este sentido, se deberían dar facilidades para que se crearan equipos mixtos de investigación entre educadores e investigadores que puedan profundizar en el análisis de la práctica educativa y establecer conexiones más intensas entre la teoría y la práctica de la EA.
• Uno de los retos pendientes es la correcta integración de la educación ambiental en los planes de gestión, que debe hacerse desde el primer momento (diseño) hasta la evaluación final del plan, dando pasos hacia un modelo de gestión que permita la democratización de la toma de decisiones, con la participación de la población. Entre las dificultades que existen para conseguir este fin, se destacan la infravaloración y el desconocimiento que existe entre los gestores de la potencialidad de un buen equipo de educadores ambientales.
• A pesar de que la interpretación ambiental constituye una importante herramienta de gestión en Espacios Naturales Protegidos y otros lugares de interés patrimonial, hoy por hoy es considerada un mero instrumento de comunicación. En consecuencia, apenas existen procesos de planificación interpretativa que redunden en un diseño razonable de programas y equipamientos. En la mayoría de los casos esto se traduce en la construcción y dotación de centros de visitantes que, lejos de adaptarse a las condiciones concretas de cada lugar, siguen patrones en los que abunda la mera información con un tratamiento poco apto para el destinatario de la Interpretación.
• De hecho, la educación y la comunicación ambiental son herramientas imprescindibles para la elaboración y desarrollo de estrategias ambientales en cualquier ámbito de actuación. Con ellas se garantiza la participación efectiva de la sociedad en el proceso de cambio social que requiere la sostenibilidad. Profundizar en la participación supone buscar nuevos cauces. Uno de nuestros retos es lograr que la participación tenga un valor educador, que capacite para tomar parte en la resolución colectiva de los problemas que tenemos planteados.
• El voluntariado ambiental se muestra como una potente estrategia educativa, que se dirige fundamentalmente a un público adulto, sin restricciones de formación, edad, experiencia personal…, a través de su implicación directa en la conservación de los recursos naturales y de mejora de la calidad ambiental. Asumir el desarrollo del marco del voluntariado ambiental en nuestro país es una responsabilidad de la perspectiva de la educación ambiental, controlando los posibles riesgos y superando constructivamente los retos planteados.
• Los grupos ecologistas tienen un papel importante en la participación social sobre medio ambiente, aunque sería deseable que profundizasen en su papel educativo, incluyendo esta dimensión de forma explícita en sus programas. Para lograr los objetivos ecologistas es fundamental utilizar herramientas educativas.
• Las publicaciones son un medio fundamental de comunicación e intercambio entre los educadores ambientales. Es necesario realizar un esfuerzo colectivo para mejorar su implantación y su calidad. Para ello hay que desarrollar estrategias que posibiliten su estabilidad, viabilidad e independencia, facilitar su difusión y adquirir o recuperar el hábito de escribir, comunicar y debatir sobre lo que hacemos.
• Cada vez más se constata el valor de Internet como herramienta para el desarrollo de la educación ambiental. Puede utilizarse como fuente de información, vía de acceso a recursos, medio de comunicación entre profesionales y como recurso didáctico. Es deseable la creación de redes útiles a los profesionales de la educación ambiental, abiertas y democráticas. El uso de estas posibilidades requiere una formación, tanto técnica como pedagógica. El espíritu crítico es la mejor garantía del uso adecuado de esta herramienta.
El Libro Blanco de la Educación Ambiental en España
El Libro Blanco de la Educación Ambiental es la estrategia española que reúne los acuerdos a los que se han llegado en casi tres décadas de realizaciones y reflexiones surgidas del heterogéneo colectivo de la educación ambiental española. El apoyo político, la solicitud internacional y los deseos de los profesionales fueron los motores de su realización. Fue publicado por el Ministerio de Medio Ambiente en 1999, con el acuerdo de todas las comunidades y ciudades autónomas y con un amplio proceso de participación.
La educación ambiental, según el Libro Blanco de la Educación Ambiental en España, tiene el objetivo de capacitar en el análisis de los conflictos socioambientales, en el debate de alternativas y en la toma de decisiones, individuales y colectivas, orientadas a su resolución.
Desde la publicación del Libro Blanco casi todas las jornadas y congresos organizados por las comunidades autónomas han estado dedicadas a las estrategias, para iniciarlas o para realizar su presentación: en 1999, VIII Conferencia d’Educació Ambiental a Catalunya; en el mismo año, las Cuartas Xornadas de EA, en Galicia; también las Cuartas en la Comunidad de Madrid; en 2001, las Segundas de Aragón y las Primeras de Cantabria; en 2002, las Segundas de Murcia. En 2003 las Terceras de Valencia, todas ellas para iniciar las estrategias, y el Tercer Congreso de Andalucía, éste último para presentar el documento de la Estrategia.
Con la elaboración del Libro Blanco se abrió un amplio proceso de reflexión colectiva en un buen número de comunidades autónomas, un proceso que aún hoy sigue vigente. La puesta en marcha de iniciativas para la elaboración de Estrategias de educación ambiental se ha revelado en muchos territorios como un proyecto con una elevada capacidad para aunar esfuerzos, despertar reflexiones y posibilitar la autoevaluación de la práctica.
La era del asociacionismo: del voluntarismo a la profesionalización
Esta última etapa se puede inaugurar con el Primer Congreso de Educación Ambiental de Castilla y León, organizado por la asociación de educadores ambientales de la región, en octubre de 2004. Nuevamente son los títulos de los Grupos de trabajo los que nos facilitan una imagen de las inquietudes de los educadores ambientales: Agendas 21 locales en Castilla y León; ¿Usos ilegítimos de la educación ambiental?; Modelos de ciudad; Espacios naturales: ¿Espacios para la sostenibilidad? Merece especial atención el grupo de trabajo sobre los educadores ambientales, que tiene un título que refleja la, todavía ambigua, profesionalización: Educadores ambientales: profesionales sin especialidad o especialistas sin profesión.
Con mayor claridad, las Terceras Jornadas de Equipamientos y Servicios de Educación Ambiental de la Comunidad Valenciana, celebradas en febrero del 2005, sólo tiene tres grupos de trabajo, cuyos títulos son:
• Elaboración del protocolo de actuación por parte de la Asociación Valenciana de EA (AVEADS) para otorgar el sello de calidad a los equipamientos y servicios de EA;
• Marco laboral de los equipamientos y servicios de EA. Convenio laboral, análisis de la situación actual del colectivo; y
• Los equipamientos y servicios de EA desde el punto de vista de los usuarios.
Estos grupos de trabajo revelan una realidad muy diferente de la de las etapas anteriores. Se está hablando de un mercado de trabajo, de relaciones laborales, de empresas y de calidad. Probablemente ahora lo que se convierta en el verdadero reto es convertirse en profesionales sin perder el objetivo de cambio social que ha sido siempre su meta.
No queremos terminar sin referirnos a la recientemente aprobada federación de Asociaciones de Educadores Ambientales, verdadero paso adelante en la construcción de un sector profesional independiente, no tutelado ya en exclusiva por las Administraciones. La evolución de la educación ambiental en España no está prefijada, su rumbo va a depender tanto de las voluntades de sus profesionales como de las coyunturas políticas y económicas, de los cambios en la realidad cotidiana que impongan, que ya están imponiendo, los problemas socioambientales y de las respuestas que surjan en los ámbitos internacional y local.
*NOTA. El presente artículo resume las ideas expresadas en el libro El espejismo de la educación ambiental, escrito con José Gutiérrez y publicado en 2007 por Morata.
viernes, 3 de junio de 2011
Educación para el desarrollo sostenible: evaluación de retos y oportunidades del decenio 2005-2014
Educación para el desarrollo sostenible: evaluación de retos y oportunidades del decenio 2005-2014. José Gutiérrez, Javier Benayas y Susana Calvo.
En esencia, la Década de la Educación para el Desarrollo Sostenible se propone impulsar una educación solidaria que contribuya a una correcta percepción del estado del mundo, que sea capaz de generar actitudes y compromisos responsables, y que prepare a los ciudadanos para una toma de decisiones fundamentadas dirigidas al logro de un desarrollo culturalmente plural, socialmente justo y ecológicamente sostenible, que supere las posiciones antropocéntricas clásicas y que esté orientada a la búsqueda de modelos más comprensivos e inteligentes de interacción con los ecosistemas1.
Este cambio de modelos requiere acciones e instrumentos diversos que transformen nuestras actitudes, nuestros estilos de vida, nuestros patrones de participación social, y nuestras concepciones sobre los instrumentos sociales y sobre las formas de hacer política. El reto que tiene la Educación Ambiental para el Desarrollo Sostenible (eads) y para la investigación educativa ante estas cuestiones, es el de abordar diagnósticos amplios que permitan objetivar los avances y evaluar los resultados de las acciones a corto, medio y largo plazo. Las acciones de alfabetización ambiental no tienen por qué ser estrictamente individuales ni estar limitadas a la intervención escolar, porque los marcos de referencia de la sostenibilidad exigen intervenir desde las coordenadas de la sociedad del conocimiento, y desde la multiplicidad de contextos profesionales, sociopolíticos, empresariales, asociativos y no gubernamentales de cada territorio.
[...]
Muchos discursos diplomáticos, y no pocos términos corteses, intentan dar cuenta de la diferencia entre el progreso en desarrollo humano y la ambición plasmada en la Declaración del Milenio; sin embargo, ninguno de ellos debería empañar una verdad muy simple: no se está cumpliendo la promesa hecha a los pobres del mundo. Si se realizan hoy las inversiones y se ponen en marcha las políticas necesarias para alcanzar los odm, aún se está a tiempo de cumplir la promesa de la Declaración del Milenio. Pero queda poco tiempo. Esta generación de líderes mundiales pasará a la historia como la de los que permitieron que fracasaran los odm. En vez de comprometerse con acciones, la cumbre de la onu podría dar lugar a otra ronda más de rimbombantes declaraciones por parte de los países ricos, cuya oferta constaría aún de más palabras y de ninguna acción. Un resultado como este tendría claras consecuencias para los pobres, pero en un mundo de amenazas y de oportunidades cada vez más interconectadas, ello también pondría en peligro la seguridad, la paz y la prosperidad del mundo9.
Estos informes constituyen otra de las muchas pruebas del desafío que han de afrontar en esta y en las décadas venideras los gobiernos de los países ricos, en el marco de las múltiples alianzas mundiales para un desarrollo equitativo basado en evidencias y en pruebas convincentes. No hay cooperación internacional que pueda compensar aquellas acciones que los gobiernos dejan de hacer por no priorizar un desarrollo a escala humana, por no respetar los derechos humanos, por no hacerse cargo de las desigualdades, y por no poner fin a la corrupción. Todos estos asuntos vienen siendo atendidos por la educación ambiental desde hace algunos años. Las alianzas internacionales establecidas sobre este marco han propiciado los escenarios de cambio, aunque de modo paralelo los nuevos discursos llevan la responsabilidad a un terreno de nadie. Por eso, algunos autores se muestran especialmente beligerantes y escépticos con estas cuestiones:
el discurso del desarrollo sostenible es un planteamiento que ha contribuido a diluir y a difuminar con bastante éxito todo el trabajo de sensibilización, de concienciación y de denuncia que de manera silenciosa venían construyendo los movimientos sociales proambientales en las últimas décadas, y, en tiempos aún más recientes, los profesionales de la ea. Un esfuerzo estéril, fruto de la inutilidad que acarrea la retórica cambiante de los conceptos.
[...]
El cambio que necesitamos tendremos que construirlo nosotros mismos; no hay soluciones prefabricadas. Está claro que los problemas ambientales surgen del uso que hace la sociedad de los recursos naturales, y que la contaminación procede de formas de producción poco eficientes y de unos estilos de vida insostenibles; son, por tanto, problemas sociales (Calvo, 1997a, p. 6); y también que en esa misma realidad está la de aquellos otros países que, aun teniendo una gran riqueza en biodiversidad y en tradición cultural, viven en la miseria más absoluta. Aquí los problemas sociales y los problemas ambientales se confunden como partes indisociables del todo al que pertenecen. Cada contexto, cada problema, cada grupo humano, tiene que inventar su propio desarrollo de acuerdo con su cultura, contando con las condiciones físicas, biológicas y socioeconómicas de su medio. Las sociedades más avanzadas, las que cuentan con mayores recursos científicos, materiales, tecnológicos y humanos, deben apostar por una cooperación eficiente que ofrezca resultados y pruebas convincentes de avance y de desarrollo. Sin embargo, no se trata sólo de actuar, sino que es necesario reflexionar, debatir y negociar para ir ajustando con más precisión la coordinación en el uso de los instrumentos sociales.
[...]
Tomado de REVISTA IBEROAMERICANA DE EDUCACIÓN. N.º 40 (2006).
Accesible en: http://www.rieoei.org/rie40a01.pdf
Este cambio de modelos requiere acciones e instrumentos diversos que transformen nuestras actitudes, nuestros estilos de vida, nuestros patrones de participación social, y nuestras concepciones sobre los instrumentos sociales y sobre las formas de hacer política. El reto que tiene la Educación Ambiental para el Desarrollo Sostenible (eads) y para la investigación educativa ante estas cuestiones, es el de abordar diagnósticos amplios que permitan objetivar los avances y evaluar los resultados de las acciones a corto, medio y largo plazo. Las acciones de alfabetización ambiental no tienen por qué ser estrictamente individuales ni estar limitadas a la intervención escolar, porque los marcos de referencia de la sostenibilidad exigen intervenir desde las coordenadas de la sociedad del conocimiento, y desde la multiplicidad de contextos profesionales, sociopolíticos, empresariales, asociativos y no gubernamentales de cada territorio.
[...]
Muchos discursos diplomáticos, y no pocos términos corteses, intentan dar cuenta de la diferencia entre el progreso en desarrollo humano y la ambición plasmada en la Declaración del Milenio; sin embargo, ninguno de ellos debería empañar una verdad muy simple: no se está cumpliendo la promesa hecha a los pobres del mundo. Si se realizan hoy las inversiones y se ponen en marcha las políticas necesarias para alcanzar los odm, aún se está a tiempo de cumplir la promesa de la Declaración del Milenio. Pero queda poco tiempo. Esta generación de líderes mundiales pasará a la historia como la de los que permitieron que fracasaran los odm. En vez de comprometerse con acciones, la cumbre de la onu podría dar lugar a otra ronda más de rimbombantes declaraciones por parte de los países ricos, cuya oferta constaría aún de más palabras y de ninguna acción. Un resultado como este tendría claras consecuencias para los pobres, pero en un mundo de amenazas y de oportunidades cada vez más interconectadas, ello también pondría en peligro la seguridad, la paz y la prosperidad del mundo9.
Estos informes constituyen otra de las muchas pruebas del desafío que han de afrontar en esta y en las décadas venideras los gobiernos de los países ricos, en el marco de las múltiples alianzas mundiales para un desarrollo equitativo basado en evidencias y en pruebas convincentes. No hay cooperación internacional que pueda compensar aquellas acciones que los gobiernos dejan de hacer por no priorizar un desarrollo a escala humana, por no respetar los derechos humanos, por no hacerse cargo de las desigualdades, y por no poner fin a la corrupción. Todos estos asuntos vienen siendo atendidos por la educación ambiental desde hace algunos años. Las alianzas internacionales establecidas sobre este marco han propiciado los escenarios de cambio, aunque de modo paralelo los nuevos discursos llevan la responsabilidad a un terreno de nadie. Por eso, algunos autores se muestran especialmente beligerantes y escépticos con estas cuestiones:
Quien se alegre del crecimiento económico es un hipócrita, y no sólo en privado sino también en público, pues a nadie con dos dedos de frente se le escapa el hecho de que los indicadores del crecimiento económico son también indicadores de una autodestrucción colectiva. La nueva frase acuñada de desarrollo sostenible [...] encierra en una fórmula verbal la contradicción misma que tiene que resolverse; a saber, desarrollo (crecimiento económico) y sostenibilidad (salvar la naturaleza). Mientras esta contradicción siga siendo insoluble, nos enfrentamos en el espacio público a formas de lenguaje sobre un bien común contaminado (Beck y Beck-Gernsheim, 2003, p. 337).[...]
el discurso del desarrollo sostenible es un planteamiento que ha contribuido a diluir y a difuminar con bastante éxito todo el trabajo de sensibilización, de concienciación y de denuncia que de manera silenciosa venían construyendo los movimientos sociales proambientales en las últimas décadas, y, en tiempos aún más recientes, los profesionales de la ea. Un esfuerzo estéril, fruto de la inutilidad que acarrea la retórica cambiante de los conceptos.
El binomio «desarrollo sostenible» constituye una contradicción, una manipulación de los «desarrollistas», de los partidarios del crecimiento económico, que pretenden hacer creer en su compatibilidad con la sostenibilidad ecológica, que subordina las exigencias de la economía a las de los ecosistemas naturales y al desarrollo humano generalizado (Naredo, 1996, p. 132).Ante una dócil apariencia de neutralidad semántica, podemos ver cómo el uso polisémico del término «desarrollo sostenible» permite acepciones del todo opuestas, que van desde quienes lo emplean como el crecimiento económico per cápita en términos de pib (Producto Interior Bruto), sin preocuparse de que el crecimiento económico explota el capital social y natural para producir más capital monetario, hasta quienes identifican desarrollo como sinónimo de más derechos y de más recursos para los pobres, y recomiendan priorizar la búsqueda del bien común con base en el patrimonio social y natural
[...]
El cambio que necesitamos tendremos que construirlo nosotros mismos; no hay soluciones prefabricadas. Está claro que los problemas ambientales surgen del uso que hace la sociedad de los recursos naturales, y que la contaminación procede de formas de producción poco eficientes y de unos estilos de vida insostenibles; son, por tanto, problemas sociales (Calvo, 1997a, p. 6); y también que en esa misma realidad está la de aquellos otros países que, aun teniendo una gran riqueza en biodiversidad y en tradición cultural, viven en la miseria más absoluta. Aquí los problemas sociales y los problemas ambientales se confunden como partes indisociables del todo al que pertenecen. Cada contexto, cada problema, cada grupo humano, tiene que inventar su propio desarrollo de acuerdo con su cultura, contando con las condiciones físicas, biológicas y socioeconómicas de su medio. Las sociedades más avanzadas, las que cuentan con mayores recursos científicos, materiales, tecnológicos y humanos, deben apostar por una cooperación eficiente que ofrezca resultados y pruebas convincentes de avance y de desarrollo. Sin embargo, no se trata sólo de actuar, sino que es necesario reflexionar, debatir y negociar para ir ajustando con más precisión la coordinación en el uso de los instrumentos sociales.
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Tomado de REVISTA IBEROAMERICANA DE EDUCACIÓN. N.º 40 (2006).
Accesible en: http://www.rieoei.org/rie40a01.pdf
martes, 14 de diciembre de 2010
Educación para la sostenibilidad y educación ambiental. Vilches, Gil y Cañal.
En 1997 se celebró la Conferencia Internacional sobre Medio Ambiente y Sociedad: Educación y conciencia pública para la sostenibilidad. "A partir de este momento conviven la educación ambiental y la educación para el desarrollo sostenible, motivo de polémicas aún hoy entre profesionales" [Calvo, S. y Gutiérrez, J. (2007): El espejismo de la educación ambiental. Madrid: Ed. Morata.]. Me apasiona el tema y traeremos a este espacio diversas opiniones al respecto.
Quizás uno de los últimos artículos referentes a este tema nos lo traen Amparo Vilches, Daniel Gil y Pedro Cañal en el número 71 de la revista Investigación en la Escuela, de este mismo año.
"La sostenibilidad es la idea central unificadora más necesaria en este momento de la historia de la humanidad" Bybee (1991)
Expertos e instituciones están reiterando, desde hace décadas, fundamentados llamamientos para que comprendamos la necesidad de hacer frente a la creciente degradación ambiental, al agotamiento de recursos y, en definitiva, a la grave situación de emergencia planetaria en la que estamos inmersos (Bybee, 1991; Lubchenko, 1998; Brown, 2004). Dichos llamamientos no han logrado, hasta el momento, la necesaria respuesta de la ciudadanía, pese a las serias amenazas de colapso de nuestras sociedades (Diamond, 2006) e incluso de extinción de nuestra especie (Lewin, 1997; Broswimmer, 2005). Ello hace pensar en la existencia de serios obstáculos que estarían dificultando la implicación de los diferentes sectores sociales, incluyendo a los educadores, como responsables de la formación ciudadana.
[...]
Girault y Sauvé tienen razón en rechazar la acusación de reduccionismo que suele hacerse a la Educación Ambiental por, supuestamente, olvidar la dimensión social y centrarse primordialmente en aspectos físicos y biológicos locales. Es cierto que algunos textos y prácticas escolares han incurrido en ese reduccionismo, como han mostrado análisis realizados por investigadores pertenecientes al mismo campo de la educación ambiental (González y de Alba, 1994; Hicks y Holden, 1995; García, 1999; Travé y Pozuelos, 1999).
Pero también lo es que, desde hace décadas, la comunidad de educadores e investigadores en educación ambiental han tomado posición contra ese reduccionismo (Cañal, García y Porlán, 1981). Así, mucho antes de la Declaración de Tbilisi citada por Sauvé, la Conferencia de Estocolmo de 1972, llevaba el significativo título de Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano.
Acusar hoy a la Educación Ambiental de reduccionismo, apoyándose en algunos ejemplos que, efectivamente, incurren en el mismo, supone ignorar sus mejores aportaciones y tendencias en la educación formal y no formal y en el campo de la investigación.
Frente a esa visión errónea y profundamente injusta, es preciso reconocer que, durante decenios, han sido los educadores ambientales quienes han reclamado la protección del medio –en su sentido más amplio de Medio Ambiente Humano, que no limita su atención al medio físico, sino que la extiende también a otras dimensiones sociales, éticas, culturales, políticas, económicas…- como requisito básico para hacer posible la continuidad de la especie humana. Las Cumbres de la Tierra de Rio en 1992 y Johannesburgo en 2002 y la actual Década de la educación por un futuro sostenible, son deudoras de ese ingente trabajo, que hunde sus raíces en el siglo XIX (Bergandi y Galangau-Quérart, 2008).
El actual movimiento de Educación para la sostenibilidad no viene, pues, a desplazar –como algunos pueden suponer erróneamente- a la educación ambiental, sino que es fruto de la misma, así como de las aportaciones del movimiento Ciencia-Tecnología-Sociedad, cuyas siglas CTS han pasado a ser CTSA, incorporando la A de ambiente (Hodson, 2003; Marques et al., 2008). Y quienes hemos ido comprendiendo que ésta es una problemática que reclama la implicación de todos los educadores, sea cual sea su área y nivel de trabajo –tal como ha reclamado Naciones Unidas al instituir la Década de la Educación por un futuro sostenible (www.oei.es/decada)- hemos de ser conscientes de esta estrecha vinculación entre educación por un futuro sostenible y la mejor educación ambiental. No hay desplazamiento alguno, sino incorporación progresiva de más y más sectores, no sólo de la educación, sino de toda la
comunidad científica y del movimiento ciudadano, porque la situación es realmente preocupante y así lo requiere. Ahora bien, del mismo modo que no son aceptables las críticas simplistas a la educación ambiental, intentaremos mostrar que tampoco lo son aquéllas dirigidas a la educación para la sostenibilidad.
[...]
Cabe señalar que críticas al concepto de desarrollo sostenible, como las que estamos comentando, utilizan argumentos que refuerzan la orientación propuesta por la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (CMMAD, 1988) y pueden ayudar a salir al paso de sus desvirtuaciones: no debemos aceptar, por ejemplo, que se confunda el desarrollo sostenible con el crecimiento sostenido (algo obviamente imposible en un mundo finito), ni ignorar que la sostenibilidad exige la solidaridad, la desaparición de los insostenibles desequilibrios actuales, etc.
Para ello es necesario distinguir claramente entre el significado dado a desarrollo sostenible por la CMMAD en Nuestro futuro Común, de sus interpretaciones distorsionadas. Y es preciso comprender que entre Educación ambiental y Educación para la sostenibilidad no existe oposición, sino, muy al contrario, unos objetivos comunes.
Deberíamos evitar, pues, debates sin razón de ser entre quienes proceden de la tradición de la Educación ambiental y quienes promueven la educación por un futuro sostenible: no tiene sentido acusar a la primera de reduccionismo ni a la segunda de defender un crecimiento depredador. Ambos movimientos tienen el mismo objetivo de construir una nueva mentalidad, una nueva ética y una nueva praxis, en el enfoque de nuestra relación con el resto de la naturaleza, entendiendo la sostenibilidad como “una noción utópica, que marca una
dirección sobre la que construir, tan necesaria como las ideas de democracia y justicia” (Lobera, 2008).
[...]
A. Vilches, David Gil, P. Cañal (2010): Educación para la sostenibilidad y educación ambiental. Investigación en la Escuela, 71.
Texto íntegro del artículo en: http://www.uv.es/vilches/Documentos/EDS%20y%20EA.pdf
Quizás uno de los últimos artículos referentes a este tema nos lo traen Amparo Vilches, Daniel Gil y Pedro Cañal en el número 71 de la revista Investigación en la Escuela, de este mismo año.
Educación para la sostenibilidad y educación ambiental
"La sostenibilidad es la idea central unificadora más necesaria en este momento de la historia de la humanidad" Bybee (1991)
Expertos e instituciones están reiterando, desde hace décadas, fundamentados llamamientos para que comprendamos la necesidad de hacer frente a la creciente degradación ambiental, al agotamiento de recursos y, en definitiva, a la grave situación de emergencia planetaria en la que estamos inmersos (Bybee, 1991; Lubchenko, 1998; Brown, 2004). Dichos llamamientos no han logrado, hasta el momento, la necesaria respuesta de la ciudadanía, pese a las serias amenazas de colapso de nuestras sociedades (Diamond, 2006) e incluso de extinción de nuestra especie (Lewin, 1997; Broswimmer, 2005). Ello hace pensar en la existencia de serios obstáculos que estarían dificultando la implicación de los diferentes sectores sociales, incluyendo a los educadores, como responsables de la formación ciudadana.
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Girault y Sauvé tienen razón en rechazar la acusación de reduccionismo que suele hacerse a la Educación Ambiental por, supuestamente, olvidar la dimensión social y centrarse primordialmente en aspectos físicos y biológicos locales. Es cierto que algunos textos y prácticas escolares han incurrido en ese reduccionismo, como han mostrado análisis realizados por investigadores pertenecientes al mismo campo de la educación ambiental (González y de Alba, 1994; Hicks y Holden, 1995; García, 1999; Travé y Pozuelos, 1999).
Pero también lo es que, desde hace décadas, la comunidad de educadores e investigadores en educación ambiental han tomado posición contra ese reduccionismo (Cañal, García y Porlán, 1981). Así, mucho antes de la Declaración de Tbilisi citada por Sauvé, la Conferencia de Estocolmo de 1972, llevaba el significativo título de Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano.
Acusar hoy a la Educación Ambiental de reduccionismo, apoyándose en algunos ejemplos que, efectivamente, incurren en el mismo, supone ignorar sus mejores aportaciones y tendencias en la educación formal y no formal y en el campo de la investigación.
Frente a esa visión errónea y profundamente injusta, es preciso reconocer que, durante decenios, han sido los educadores ambientales quienes han reclamado la protección del medio –en su sentido más amplio de Medio Ambiente Humano, que no limita su atención al medio físico, sino que la extiende también a otras dimensiones sociales, éticas, culturales, políticas, económicas…- como requisito básico para hacer posible la continuidad de la especie humana. Las Cumbres de la Tierra de Rio en 1992 y Johannesburgo en 2002 y la actual Década de la educación por un futuro sostenible, son deudoras de ese ingente trabajo, que hunde sus raíces en el siglo XIX (Bergandi y Galangau-Quérart, 2008).
El actual movimiento de Educación para la sostenibilidad no viene, pues, a desplazar –como algunos pueden suponer erróneamente- a la educación ambiental, sino que es fruto de la misma, así como de las aportaciones del movimiento Ciencia-Tecnología-Sociedad, cuyas siglas CTS han pasado a ser CTSA, incorporando la A de ambiente (Hodson, 2003; Marques et al., 2008). Y quienes hemos ido comprendiendo que ésta es una problemática que reclama la implicación de todos los educadores, sea cual sea su área y nivel de trabajo –tal como ha reclamado Naciones Unidas al instituir la Década de la Educación por un futuro sostenible (www.oei.es/decada)- hemos de ser conscientes de esta estrecha vinculación entre educación por un futuro sostenible y la mejor educación ambiental. No hay desplazamiento alguno, sino incorporación progresiva de más y más sectores, no sólo de la educación, sino de toda la
comunidad científica y del movimiento ciudadano, porque la situación es realmente preocupante y así lo requiere. Ahora bien, del mismo modo que no son aceptables las críticas simplistas a la educación ambiental, intentaremos mostrar que tampoco lo son aquéllas dirigidas a la educación para la sostenibilidad.
[...]
Cabe señalar que críticas al concepto de desarrollo sostenible, como las que estamos comentando, utilizan argumentos que refuerzan la orientación propuesta por la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo (CMMAD, 1988) y pueden ayudar a salir al paso de sus desvirtuaciones: no debemos aceptar, por ejemplo, que se confunda el desarrollo sostenible con el crecimiento sostenido (algo obviamente imposible en un mundo finito), ni ignorar que la sostenibilidad exige la solidaridad, la desaparición de los insostenibles desequilibrios actuales, etc.
Para ello es necesario distinguir claramente entre el significado dado a desarrollo sostenible por la CMMAD en Nuestro futuro Común, de sus interpretaciones distorsionadas. Y es preciso comprender que entre Educación ambiental y Educación para la sostenibilidad no existe oposición, sino, muy al contrario, unos objetivos comunes.
Deberíamos evitar, pues, debates sin razón de ser entre quienes proceden de la tradición de la Educación ambiental y quienes promueven la educación por un futuro sostenible: no tiene sentido acusar a la primera de reduccionismo ni a la segunda de defender un crecimiento depredador. Ambos movimientos tienen el mismo objetivo de construir una nueva mentalidad, una nueva ética y una nueva praxis, en el enfoque de nuestra relación con el resto de la naturaleza, entendiendo la sostenibilidad como “una noción utópica, que marca una
dirección sobre la que construir, tan necesaria como las ideas de democracia y justicia” (Lobera, 2008).
[...]
A. Vilches, David Gil, P. Cañal (2010): Educación para la sostenibilidad y educación ambiental. Investigación en la Escuela, 71.
Texto íntegro del artículo en: http://www.uv.es/vilches/Documentos/EDS%20y%20EA.pdf
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