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domingo, 17 de mayo de 2015

Novo, M. (2011). La educación ambiental en tiempos de crisis.



Se comienza partiendo de un recorrido por los escenarios de la sociedad globalizada y señalando sus paradojas, en la medida en que es en dichos escenarios donde se ha de desenvolver la educación ambiental en tiempos de crisis. Seguidamente, se examina el papel que juegan los medios de comunicación, las tecnologías de la información y las redes, considerando sus ventajas e inconvenientes para un avance hacia la sostenibilidad. En la segunda parte, se abordan las que se consideran grandes preguntas de la educación ambiental y se formulan algunas propuestas para una acción educativa transformadora. Finalmente, se plantea la contribución de este movimiento educativo al cambio, que exige comprender y diagnosticar el lugar y el momento histórico en que nos encontramos.
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Contemplar la educación ambiental (ea) hoy en día significa relacionarla con los problemas ambientales de nuestro tiempo, con los modelos de desarrollo que los generan y también, cómo no, con el imaginario colectivo y los paradigmas que sustentan tales modelos.
Comenzando, pues, por contemplar la crisis que experimenta la sociedad contemporánea, debemos referirnos de inmediato al escenario de esa crisis, un escenario que no es otro que una amplia sociedad globalizada económicamente y en la que, sin embargo, siguen pendientes otras importantes globalizaciones como las de la solidaridad o los derechos humanos.
 Conviene, por tanto, estudiar detenidamente ese escenario, esa enorme influencia que ha tomado el poder económico (un poder que no ha sido elegido democráticamente) en detrimento de la soberanía de los Estados y del poder de los gobiernos democráticos y de los pueblos. Necesitamos contemplar algunos conceptos y principios que son básicos para que, como educadores ambientales, podamos posicionarnos y seguir actuando como agentes activos de nuestras sociedades. unas sociedades que, sumergidas en una profunda crisis sistémica, deberían reorientarse urgentemente hacia la sostenibilidad, usando para ello algunas de las ventajas de la globalización (internet, las TIC…) y luchando contra sus desventajas y contra los desastres económicos que, a la postre, acaban convirtiéndose en desastres ecológicos y sociales.
Quienes llevamos décadas en el movimiento de EA, hemos peleado y seguimos peleando por lograr sociedades más sostenibles, porque estamos convencidos de la capacidad transformadora de la educación para avanzar hacia un planeta con mayor equilibrio ecológico y una mejor equidad social. Evidentemente, no disponemos de modelos de sostenibilidad acabados o generalizables a cualquier contexto, pero sí vamos sabiendo algo muy importante: lo que No es sostenible. Esa evidencia nos permite, además, perfilar algunos criterios que podrían servir, eso creemos, para la necesaria reorientación de las políticas ambientales y de los modelos de desarrollo, desde la escala global hasta la local.
Así que, comenzando por el principio, por ese sistema económico globalizador que amenaza con adueñarse del mundo haciendo que los ricos sean cada vez más ricos y que los pobres carezcan de horizontes y de alimentos para sus hijos, hablemos de lo que no es sostenible, de las grandes paradojas que presenta este mundo globalizado. La educación ambiental cumple así una función desveladora, de denuncia, que es imprescindible para promover en las gentes que toman parte en nuestros programas la necesaria visión crítica de los problemas.   
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La gran pregunta, en mi opinión, puede ser formulada de manera sencilla y comprensible a todos. Esta pregunta es ¿de quién es el mundo? Su respuesta no es simple, pero, como todo lo complejo, propicia un debate que tiene un enorme valor educativo, pues nos permite identificar y reconocer los centros de poder y de toma de decisiones y las contradicciones inherentes al sistema económico y social en su actuación para con la naturaleza y las personas.
Otra gran pregunta, un tema de gran calado, es la cuestión de los límites. ¿Es la humanidad consciente de los condicionantes biofísicos con que tropieza nuestra ansia desmesurada de crecimiento económico? ¿Han comprendido los tecnólogos y los gobernantes, los miembros de los G-8 y G-20, que nos están llevando a la catástrofe al desbordar los límites de la biosfera con sus decisiones? Enunciada en términos sociales, esa cuestión nos afecta a todos y se concreta preguntando ¿Cuánto es suficiente?
Un nuevo interrogante sería, a mi juicio, el que atañe a nuestra responsabilidad como miembros de la comunidad biótica del planeta. Es la pregunta sobre el sentido de la vida y de nuestras vidas, un sentido que consiste no sólo en vivir sino en compartir. Se trata de saber si estamos dispuestos a poner nuestro tiempo y nuestras capacidades al servicio del contrapoder social que, bajo un nuevo paradigma, anuncia el cambio. Significa apostar por un modelo de sociedad postmaterialista que ya está emergiendo en múltiples lugares del planeta.
Responder afirmativamente supone asumir riesgos, pero también nos da la ocasión, como educadores, de reafirmar el sentido transformador y optimizante de la teoría y la práctica educativas. No puedo dejar de recordar las palabras de Federico Mayor Zaragoza a los educadores, advirtiendo de que el riesgo sin conocimiento es peligroso, pero el conocimiento sin riesgo es inútil. o las de Leonardo Boff, cuando anuncia que el sentido verdadero de nuestra vida es irradiar, algo que se espera especialmente de quienes educamos.

Finalmente, creo que hay una pregunta que afecta a las estrategias, a los modos de avanzar. En la sociedad del riesgo no cabe ser inocentes, pues el sistema dominante es muy fuerte y está bien asentado. Por eso me atrevo a proponer que la mejor forma de pensar el futuro es inventarlo, atrevernos a ser creativos, a utilizar la fuerza de la imaginación, la capacidad para creer en el que Paolo Freire llamaba el inédito viable, esa utopía que puede y debe ser puesta en práctica, que nos invita a caminar.
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Tomado de: Novo, M. (2011). La educación ambiental en tiempos de crisis. Transatlántica de Educación.9, 8-13.
Accesible en: http://www.educacion.gob.es/exterior/mx/es/transatlantica/Transatlantica09.pdf

jueves, 23 de abril de 2015

Mercado y Ruiz González (2006). El concepto de las crisis ambientales en los teóricos de la sociedad del riesgo


La cuestión ambiental es una de las problemáticas que puede considerarse como parte inherente al concepto de la modernidad reflexiva. No sólo porque es un legado del industrialismo –o del capitalismo como algunos autores afirman–, sino también porque están como referente de las acciones del Estado globalizado (Giddens); de la reflexividad característica de esta época (Luhmann, Beck); de la sociedad del riesgo y el concepto de contingencia que sirve para definir a la sociedad moderna (Beck, Luhmann, Giddens); de la globalización-globalidad y modernidad (Giddens, Beck), y en general, de la preocupación central del hombre del siglo XXI.

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EL DESASTRE NATURAL, ¿NATURAL? Se considera desastre natural aquel que
impacta en una pérdida humana, económica y social. Es una acción de la naturaleza hacia la sociedad y se presenta como fenómenos naturales, cuyo efecto se mide por las consecuencias colaterales que provocan en la población. Tal es el caso del cambio climático, que se considera como un posible desastre en la medida en que se alerta no sólo de una alteración del clima de una región, sino que pone en peligro a una buena parte de la civilización, en particular del norte desarrollado porque lo podría colocar en otra era glaciar, esto daría lugar a enormes luchas por la tierra, agua y, en general, por los recursos de los países del Sur. Según Rodríguez (1994),1 la percepción del riesgo ambiental como una catástrofe global comienza a manifestarse en los años setenta, producto de las inundaciones que tuvieron lugar a escala mundial. De esta forma, el sentido social de una percepción del riesgo puede ser visto tanto por el contenido como por el proceso para convertirse en algo objetivo. Los desastres naturales son comportamientos extremos de la naturaleza, cuyo impacto se da en la sociedad en general, pero con una devastación mayor en zonas económicamente menos favorecidas. Así, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) menciona que los desastres provocaban 20 veces mayor impacto sobre el Producto Nacional Bruto en países subdesarrollados, y Foladori (2005) menciona que el caso del huracán Katrina en Nueva Orleans es un claro ejemplo, ya que aun tratándose de un país desarrollado, esta ciudad puede considerarse víctima de la segregación por clases y etnias. 
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ORÍGENES DE LA CRISIS: ¿CAPITALISMO O INDUSTRIALISMO? La discusión sobre los orígenes del ambientalismo no es un asunto de mera retórica, tiene que ver con las formas de explotación de los recursos, derivadas de la racionalidad productiva, las cuestiones culturales, el aspecto técnico y con una posición teórica. Para la mayor parte de los teóricos de la sociedad del riesgo, la tesis fundamental es que las crisis ambientales tienen su origen en el industrialismo. Los especialistas que sostienen que estas crisis son producto del capitalismo muestran que la racionalidad propia de esta forma de explotación ha llevado a la destrucción intensiva de la naturaleza, porque es vista como una fuerza productiva. Subrayan que los capitalistas al concebir al recurso natural como una fuerza productiva sólo pretenden: optimizar ganancias, buscar tecnologías que subsanen el daño, explotar los recursos y protegerlos a través de incrementar su valor. Los analistas critican que el problema radica en que los capitalistas ven a estos fenómenos como externalidades. Al no considerar propiedad privada a estos recursos, los empresarios no pretenden asumir los costos de su desgaste y es por esta razón que siendo estos bienes propiedad de nadie son explotados intensivamente; en esta posición la clarifica Giddens en sus primeros años cuando era marxista.
Los procesos de destrucción ambiental han dependido de los .patrones tecnológicos y de un modelo depredador de crecimiento, que permite maximizar las ganancias económicas en el corto plazo. (Leff, 1994: 19). Por tanto, para proteger los recursos naturales se requiere modificar radicalmente el sistema y buscar nuevas formas de explotación. Hay quienes consideran que estas crisis, como el caso de Beck. son producto de la industrialización y se desataron con la revolución industrial; esta postura del industrialismo encontró más adeptos cuando se desenmascararon los efectos sobre la naturaleza que se llevaron a cabo en los países ex socialistas. Sus medidas para enfrentarlos son a través de tecnologías limpias y readecuando los recursos en igual proporción a la que se destruyen. La crisis ambiental es un problema derivado de lo social (Leff, 1994), esta afirmación plantea conexiones con estilos de vida y el orden económico en el ámbito mundial, con una forma organizativa de la producción y una cultura predominantemente de mercado.  
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La crisis ambiental es un punto importante en los teóricos de la sociedad del riesgo, sólo que la dimensión de estos análisis tiene diferente peso en cada uno; para Beck, este peso forma parte nodal de la construcción de sus planteamientos. La preocupación por los riesgos de la sociedad moderna no sólo ha sido producto de un acelerado desarrollo tecnológico, de niveles de consumo y formas productivas que están a un ritmo superior al ciclo natural, sino de las características reflexivas de la sociedad moderna, estas mismas particularidades del hombre moderno le han permitido un cambio en la forma de difundir y conocer los efectos colaterales. 
El punto esencial del análisis de las crisis ambientales se encuentra en el papel de la reflexividad, la observación de lo observado, que se requiere para que el problema pueda ser comprendido, tanto por la magnitud de su impacto (espacio-temporal) como por la complejidad de lo observado. 
El individuo tiene conciencia del problema ecológico gracias a la reflexividad; que le da elementos para sobrevivir frente a un riesgo de escala mundial y del efecto bumerang o colateral. 
Éste es uno de los aspectos que se ha discutido continuamente en las cumbres internacionales, el grado en que una crisis ecológica tiene una dimensión cultural que requiere de actos reflexivos para comprender, dimensionar, establecer políticas, cambiar patrones y evitar o disminuir el impacto ecológico. Acciones propias de los individuos que han vivido en una sociedad del riesgo. A grado tal que se ha hablado de un ciudadano del planeta cuando logra desarrollar una conciencia ecológica. 
A partir de la escalada mundial de los impactos ecológicos, se construye el sentido del riesgo en la modernidad, para algunos autores como Beck esta conciencia es insustituible y se convierte en el eje fundamental de una nueva dimensión de lo social. 

Mercado, A. y Ruiz González, A. (2006). El concepto de las crisis ambientales en los teóricos de la sociedad del riesgo. Espacios Públicos, vol. 9, núm. 18, 2006, pp. 194-213.


Accesible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=67601813 (21-4-2015)