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sábado, 7 de septiembre de 2013

Web de Terra.org: De rerum natura

Referencia de terra.org a De rerum natura, Hitos para otra historia de la educación ambiental.



Esta publicación es la segunda parte de lo que según el autor, José Manuel Gutiérrez Bastida (1959) maestro y especialista en Educación Ambiental por la UNED, es una trilogía que comenzó con "Sus tenere. Sostenibilidad vs Mercado y Tecnología". El estilo de la obra De rerum natura, Hitos para otra historia de la educación ambiental es el de una recopilación sobre todo lo relacionado con la educación ambiental desde sus inicios, especialmente en los últimos cuarenta años hasta nuestra actualidad de una forma amplia. Este ensayo aporta una síntesis de:
· Los elementos del contexto histórico que han influenciado el surgimiento, desarrollo y evolución de la educación ambiental,
· Los documentos filosóficos, educativos, políticos, científicos o de otro carácter que forman parte de los precursores de la educación ambiental, así como de los que han aportado a su definición, crecimiento, concreción, expansión, reflexión…
· Las grandes conferencias internacionales que han cocido a fuego lento la actual educación ambiental, tanto sus primeros pasos, como su posterior evolución y debate interno.
· El papel de la mujer en este recorrido usando siempre su nombre y apellido en las entradas de los hitos.
· Los hitos que han contribuido a la educación ambiental que sufrimos y disfrutamos en el Estado español (epígrafes con asterisco inicial).
Portada del libro digital de José Manuel Gutiérrez Bastida.
A partir de los datos recopilados por el autor que ha participado en numerosos eventos internacionales relacionados con la educación ambiental intenta dar respuesta a preguntas tales como ¿Qué visiones de la educación y del medio ambiente han convivido a lo largo de la historia? ¿Cuándo se habla por primera vez de educación ambiental? ¿Cómo se define en sus primeros momentos? ¿Cuál ha sido el desarrollo de la educación ambiental, especialmente, en los últimos 40 años? ¿Es cierto que el objetivo de la educación ambiental es cambiar conductas o se dedica exclusivamente al conocimiento de los pájaros y árboles, o la naturaleza?
Dado que la educación ambiental ha sido una disciplina en la que Naciones Unidas ha participado en su definición la obra también analiza el papel del sistema de Naciones Unidas en su evolución para adentrarse en finalmente su estado actual y analizar  los espacios de encuentro y divergencia se encuentran entre las diferentes visiones?. En este sentido hay que aclarar que en el último lustro ha habido un movimento para que la educción ambiental sea redefinida como Educación para el Desarrollo Sostenible . Esta según la propia UNESCO (2007) nos insta a que cambiemos y no veamos la educación como un mecanismo de entrega sino como un proceso de por vida, holístico e inclusivo. para construir alianzas y compartir las diversas experiencias y conocimiento colectivo con el fin de refinar la visión de sostenibilidad a la vez que se expande su práctica. En cualquier caso, como se argumentaba en el World Environmental Education Congress celebrado en 2009 en Montreal (Canadá): "la educación ambiental puede contribuir a dar un sentido a nuestras vidas, al darnos la oportunidad de construir nuevas bases sobre las cuales debemos fundar nuestra relación con el otro, con la vida y con la Tierra. Ella contribuye a la innovación social al restituir el ser humano al centro de la acción, anclado en su medio, en el corazón de la solución. Y puede contribuir a influir en nuestras políticas públicas, al crear un movimiento humano que favorezca una acción solidaria, que no conozca ni las fronteras geográficas ni las generacionales".
Este repaso documental histórico sobre la educación ambiental pues permite reflexionar especialmente a los formadores pero también a los jóvenes que trabajan en la educación no formal que están comprometidos en todos aquellos aspectos que están detrás de la crisis socioecológica que vivimos. En este sentido, vale la pena señalar como en la Declaración de Ahmedabad (2007) que "la producción y consumo humanos cada vez mayores y están rápidamente socavando los sistemas de soporte de vida de la Tierra y el potencial para que toda vida prospere. Las suposiciones acerca de lo que constituye una calidad de vida aceptable para algunos, la mayoría de las veces significa privación para otros. La brecha entre ricos y pobres se está ensanchando. La crisis climática, la pérdida de biodiversidad, el incremento en los riesgos para la salud y la pobreza son indicadores de modelos de desarrollo y estilos de vida insostenibles. Existen modelos y visiones para un futuro sostenible y se necesita acción urgente para convertirlos en realidad. Los derechos humanos, la equidad de género, la justicia social y un medio ambiente saludable deben convertirse en imperativos globales. La Educación para el Desarrollo Sostenible es esencial para que esta transformación ocurra".
El libro De rerum natura. Hitos para otra historia de la educación ambiental se puede descargar en formato pdf, ebook y dispone de una  publicación en web que pretende ser viva y actualizada. José Manuel Gutiérrez Bastida ha querido en esta ocasión que su libro sea también un proyecto abierto a todas las aportaciones. Evidentemente, tal y como cita la obra, "Como casi siempre, una enumeración de esta índole albergará olvidos y omisiones, y contendrá referencias que a priori se enjuicien como lejanas a la cuestión central. Sin embargo, los que aparecen son necesarios y, espero, suficientes para contar una historia –otra– de la educación ambiental."

jueves, 5 de septiembre de 2013

Blog Gente y Hogares Sostenibles. Referencia a De rerum natura. Hitos para otra historia de la educación ambiental.

En el blog Gente y Hogares Sostenibles (http://genteyhogaressostenibles.info/post/60351373050/ensenando-a-cuidar-de-la-tierra) hacen una referencia a De rerum natura: Hitos para otra historia de la educación ambiental. Gracias.


Enseñando a cuidar de la Tierra


Desde sus primeros días como especie, el ser humano se vio lanzado a un planeta Tierra indómito, amenazador, pero también bello y grandioso; un planeta Tierra que bien podía quitarle la vida al incauto o al irresponsable pero que también sabía ser generoso con el trabajador y precavido, darle todo lo necesario para vivir. Tan antiguo es vivir en un entorno como preguntarse por las consecuencias que esa vida tiene sobre ese entorno. Y como explica José Manuel Gutiérrez Bastida en De rerum natura: Hitos para otra historia de la educación ambiental, antigua es también la voluntad de concienciar a otros, enseñarles a cuidar de un entorno sin el cual la vida no sería posible.

Publicada en una web (https://sites.google.com/site/historiaeducacionambiental/), la obra de este maestro y educador nacido en Bilbao explora el viaje de la educación ambiental a lo largo de los siglos; una travesía que ha corrido paralela a la del propio ser humano y desde antes de lo que imaginamos. Así, en el 200 d.C. y en pleno Imperio Romano, el cartaginés Tertuliano se adelantaba varios milenios con esta advertencia: “Somos una carga pesada para el mundo. […] Las necesidades aumentan continuamente, pese a que la naturaleza ya no puede soportarnos”, un mensaje que ha sobrevivido a los avatares históricos y tecnológicos hasta plantarse, prácticamente idéntico, en nuestros días.

Como narra Gutiérrez Bastida, entremedias se han quedado épocas y lugares como un Oriente donde el budismo o el taoísmo defendían la armonía de todas las criaturas vivas, un Renacimiento que supuso un resurgir de la preocupación por la naturaleza o un siglo XIX donde la Revolución Industrial impulsó un progreso que multiplicó los desafíos ambientales (contaminación, deforestación, insalubridad, etc.) así como las voces que se levantaron en su contra. 

Tendemos a pensar que la conciencia por un medio ambiente protegido es cosa de tiempos modernos, culturas civilizadas y entornos urbanos. A juzgar por las conclusiones  del trabajo de Gutiérrez Bastida, nada más lejos de la realidad: no sólo ha sido el consumista Occidente (y para más inri, el Occidente de los tiempos más modernos) el responsable de gran parte de la problemática medioambiental en la Tierra sino que además las culturas indígenas, a las que durante tanto tiempo hemos mirado por encima del hombro, conservan una conexión con el entorno mucho más profunda que la nuestra. Puede que no se enseñe en universidades o defienda desde flamantes páginas web, pero  está arraigada en cada miembro de una comunidad que coge de su entorno lo que necesita, ni más ni menos.

José Rojo

miércoles, 7 de agosto de 2013

De rerum natura. Hitos para otra historia de la educación ambiental. Capítulo 9.

De rerum natura. Hitos para otra historia de la educación ambiental.
Capítulo 9.

El presente de la educación ambiental es también su pasado. La educación ambiental vino para no quedarse y ya tiene cuarenta y tantos años. O más. Lo ideal sería que no tuviera futuro, esto es, que la crisis ambiental, a través de un cambio social, ya hubiera terminado y que la justicia social, la equidad y la buena salud de la biosfera y sus inquilinos se hubieran asentado y, en definitiva, un modelo de vida sostenible para todas y todos, ahora y en el futuro, se hubiera establecido en nuestras sociedades.
Sin embargo, no es así. La crisis ambiental persiste y nos envuelve. La crisis del conocimiento, de la que nos hablan muchos autores y autoras, nos rodea, nos invade, nos ahoga y sus consecuencias son desastrosas para la inmensa mayoría de los seres vivos de este planeta finito. La crisis social, cargada tanto de desempleo, pobreza y hambre, como de paraísos fiscales, políticas neoliberales y estafas financieras, ilustra francamente el momento. La crisis de los cuidados, de la desaparición de lo público, la emigración forzosa, la insolidaridad y el individualismo aderezan la foto del hoy. Por tanto, la educación ambiental tiene hoy su sentido, tal y como lo tuvo ayer.
Pero, pasa el tiempo y necesitamos evaluaciones. La evaluación nos permite valorar lo realizado y tomar decisiones para mejorar procesos venideros. Si atendemos a indicadores que nos puedan dar información de finales de los 60 del siglo pasado y de la primera década del siglo XXI podremos ver que hay muchas cosas que no van bien y que, incluso, han empeorado gravemente. No hay duda.
Como se puede apreciar, la crisis ambiental parece agravarse año tras año. Esto puede hacer pensar que la educación ambiental ha fracasado. Quienes, al albor del mayo del 68, creyeron que, además de encontrar la playa bajo los adoquines, la educación ambiental cambiaría el mundo aparentemente se equivocaron. El consumo de recursos avanza al galope y los desechos incrementan sin parar. Las injusticias sociales perduran y los seres humanos tienen que trasladarse a miles de kilómetros a buscar nuevas oportunidades. Las especies desaparecen inexorablemente y la presión contra la naturaleza aumenta. ¡Vaya fracaso!
Sin embargo, quizás podamos fijarnos también en que, a la hora de evaluar procesos, solemos soslayar aspectos importantes que no tenemos en cuenta. El reconocido programa PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, de la OCDE) manifiesta la importancia de los contextos, en concreto el socio-cultural, y su fuerte condicionamiento de los resultados. En el caso de la educación ambiental, la causa, el por qué de su surgimiento, es a la vez su contexto ineludible, su qué, su cómo y su para qué. De hecho, la mayor dificultad para la educación ambiental es trabajar en un contexto insostenible. Y eso no lo tienen en cuenta las evaluaciones. Éstas se centran en el logro de objetivos, en los productos y resultados obtenidos, en el papel de los agentes, en el desarrollo de los protagonistas, en el flujo de procesos, en las metodologías y técnicas empleadas… Y no en el contexto, ni en su importancia. Tan sólo un ejemplo.
Un grupo de jóvenes realiza en su barrio una campaña de comunicación sobre lo que han aprendido, realizado y conseguido respecto a la movilidad en torno al centro escolar. Al salir del escenario de trabajo, este grupo se encuentra frente a unos estímulos fortísimos para consumir la última moda, para vivir de manera más cómoda, para llenarse de objetos sin valor, para tener más que sus conciudadanas, para obviar las consecuencias sociales y ecológicas que genera su modo de vida, para olvidarse de los más necesitados, lejanos o cercanos, para dejar de lado que tiene que luchar por sus valores de libertad, equidad, solidaridad, justicia, amor… De la misma manera ofrece al sector adulto de la sociedad el último coche, el más veloz, el más grande… que conlleva reconocimiento, prestigio, liderazgo…
Si atendemos a que, con el paso del tiempo, la movilidad en el barrio, en cuanto a número de coches por persona y contaminación atmosférica y acústica, ha empeorado, deduciremos que la educación ambiental ha fracasado. Si atendemos a que el contexto (intereses económicos, políticas municipales, falta de compromiso social…) ha sido tan implacable que el impacto de la acción puesta en marcha por el grupo de jóvenes ha quedado minimizado, podremos ver la misma realidad con otra perspectiva.
Un segundo aspecto que a menudo se esquiva es el propio carácter de la educación. Los resultados de los procesos educativos no siempre se pueden medir y valorar al final del propio proceso: “A veces se hace difícil creer que la educación sirve para algo porque los resultados son muy a largo plazo y pocas veces se verifican”, como afirma Victoria Camps (2010). Además, posiblemente, los aprendizajes que se constatan y visualizan a muy largo plazo sean más trascendentes que los productos y resultados inmediatos.
Probablemente, esta primera década del siglo XXI, haya ofrecido la primera generación de personas del mundo occidental que crece en el “interior” de los hogares, es la generación “nativa digital” que pasa la mayor parte de su tiempo frente al televisor, escuchando música en solitario, navegando por Internet o jugando en dimensiones virtuales. Una generación con ciertos riesgos de saluda superiores a las anteriores: obesidad, dificultades de atención, huida del mundo real… Todo ello configura un escenario nuevo y diferente en el mundo escolar. Y además, si la infancia transcurre separada de la naturaleza ¿Cómo la van a conocer y a comprender? ¿Cómo van a valorar la vida y los seres vivos? ¿Cómo va a atender a la biosfera?
La educación ambiental es la encargada de cubrir y dar respuesta a ese déficit. Quizás, un gran sector de esta misma generación ha recibido en su escolaridad formación de gran alcance respecto al medio ambiente y su evaluación comienza a dar resultados positivos. Muchas investigaciones ya concluyen que la educación ambiental aporta una serie de beneficios para los y las estudiantes como crear estudiantes entusiastas e innovadores y docentes que han desarrollado su capacidad de liderazgo, a la vez que ofrece oportunidades para un aprendizaje rico y relevante en el mundo real (Archie, 2003), ayudar a construir el pensamiento crítico y las habilidades de relación y a enfatizar las habilidades específicas de pensamiento crítico centrales como cuestionar, investigar, formar hipótesis, interpretar datos, analizar, formular conclusiones y resolver problemas (Archie, 2003), ayudar a desarrollar cualidades de liderazgo, emprendizaje y aprendizaje cooperativo, y a utilizar el enfoque estratégico de la acción con aplicaciones en el mundo real (NAAEE, 2001), ayudar al autocontrol y a estudiantes con trastorno por déficit de atención, los cuales se benefician de una mayor exposición a la naturaleza, un entorno cotidiano más natural y más manejable (Taylor, 2001), aumentar la facultad de concentración y mejora de las capacidades cognitivas (Wells, 2000), hacer estudiantes más activos físicamente al usar áreas de juego con diversos entornos naturales que benefician la salud, haciéndoles más conscientes de una buena nutrición, más creativos y mejores en sus relaciones personales (Bell, 2006). Numerosos estudios han demostrado que estudiantes de los centros educativos que utilizan algún programa de educación ambiental obtienen mejores resultados académicos que sus pares de modelos tradicionales. Parte de ser una persona "ambientalmente educada" significa actuar al aire libre, una manera probada de ayudar a combatir los problemas de salud tanto físicos como psicológicos, como la obesidad infantil, el asma, la depresión y otros. Y es que, definitivamente, el medio ambiente se constituye como un gran integrador de conocimientos, procedimientos y actitudes, es práctico y compromete a los y las estudiantes y se ofrece como escenario de la acción.
En sentido contrario, desde la enseñanza hacia la educación ambiental, PISA reconoce que estudiantes más competentes en ciencias demuestran una mayor preocupación por la crisis medioambiental (Auzmendi, Gutiérrez y Martínez, 2009). Una buena educación ambiental promueve el interés y compromiso con el mundo natural y alienta jóvenes y adultos bien informados que son la clave para encontrar soluciones de futuro a los complejos problemas que actualmente amenazan la salud de nuestro aire, tierra, agua y vida; facilita que individuos y comunidades comprendan la naturaleza compleja de los ambientes naturales y artificiales que resultan de la interacción de sus aspectos biológicos, físicos, sociales, económicos y culturales; y desarrolla la interdisciplinariedad, la interrelación, la flexibilidad, el no-dogmatismo, la incertidumbre, la anticipación al problema, el énfasis en la resolución de problemas, y la acción social transformadora. 
Hay religiones que llevan decenas de siglos intentando desarrollar personas con valores, a su estilo, y ¿Cuál es el balance a lo largo de todos estos siglos de humanidad? ¿Debemos juzgar los 40 años de educación ambiental sólo por sus resultados? Además, más cambio climático, menos recursos, pobreza, injusticia, pérdida de biodiversidad… ¿todo eso es fracaso de la educación ambiental? ¿Son sus resultados? ¿El contexto capitalista, las políticas neoliberales, la globalización mercantil, las transnacionales… no tienen nada que ver? ¿Que muchos procesos educativos sean lentos tampoco? Hace 40 años unas pocas personas decidieron que había que cambiar el mundo. ¿No es cierto que hace muchos más años se inventó un sistema que tiene encorsetados a la mayoría de los seres humanos y a sus sistemas sociales? ¿Las personas pioneras de la educación ambiental se creían con la capacidad de hacer cambiar a una o dos generaciones planetarias para que la historia cambiase? ¿La educación ambiental ha sido incapaz de producir “el cambio”?
A pesar de la amarga foto actual que vivimos existen otros elementos. A diferencia de otras conclusiones, la educación ambiental, si bien no ha hecho “el cambio”, si ha generado “cambios”. Quienes vivimos en el mundo occidental utilizamos en las calles, con absoluta normalidad, los distintos recipientes que clasifican los residuos domésticos, disfrutamos de algunos carriles-bici, recorremos una inmensa red de senderos por zonas naturales, aprendemos en los centros de interpretación, vemos como se comienzan a usar vehículos eléctricos, leemos en el recibo de consumo eléctrico que aumenta progresivamente el uso de fuentes renovables, muchos comparten lo poco que tienen y con más razón en época de falta de ayudas sociales, colaboramos con proyectos de desarrollo en países empobrecidos, cada vez tenemos más opciones de comida ecológica en mercados y restaurantes, nos asociamos para obtener alimentos ecológicos, las nuevas construcciones tiene que seguir ciertas normativas de eficiencia energética y estamos viendo los primeros edificios bioclimáticos, tenemos a nuestro alcance medicamentos genéricos, las empresas quieren lograr y exhibir sus estándares medioambientales, han surgido los primeros aparatos sin obsolescencia programada… Todos estos “cambios” ¿Los ha producido el propio sistema socio-económico por sí mismo? ¿Habrá habido algún mensaje que ha calado en los diferentes estamentos de la sociedad? ¿Ha tenido algo que ver la presión de una sociedad cada vez más formada y que los solicita? ¿Ha sido el trabajo en pequeña escala de grupos concienciados y comprometidos?
A la educación ambiental se le pedía la acción local y el pensamiento global ¿Se han conseguido “cambios locales”, pensando en lo global? Detrás de cada carril-bici, de cada contenedor específico, de cada aerogenerador… y de cada elemento “verde” está la educación ambiental. Sabemos que muchas empresas utilizan “lo verde” con fines perversos, pero la educación ambiental ha impulsado la sensibilización y el conocimiento necesarios para lograr que se hagan pequeños (o grandes) gestos, que esté presente en las líneas estratégicas y de comunicación de toda corporación moderna que se precie o que se propicien sellos y sistemas de calidad ambiental que tratan de minimizar impactos sociales y ecológicos, disminuir los riesgos de salud y laborales, buscar el compromiso de los proveedores…
La joven educación ambiental no ha conseguido el deseado “cambio social” demandado. Pero, sí está detrás de todos esos “cambios”. Y hablamos de unas pocas personas, en todo el mundo, pioneras a finales de la década de los 60, que han arrastrado a otras y éstas a otras para hacer “pequeños cambios”.
Hoy, la educación ambiental no es un lujo, significa comprender cómo las decisiones y acciones humanas afectan a la calidad del medio ambiente (entendido en el sentido más amplio posible), así como utilizar ese conocimiento como base para una ciudadanía responsable y eficaz, que sea capaz de tomar decisiones que van desde el ordenamiento territorial a la calidad del aire y el agua. Las opciones personales y las políticas sociales tienen consecuencias para el mundo natural. Nos lo decía Rachel Carson (1980) en su obra de referencia: “El público debe decidir si desea continuar por el actual camino, y sólo puede decidirlo cuando está en plena posesión de los hechos”. Las personas deben tener el conocimiento y las habilidades necesarias para buscar decisiones acertadas que mantengan la salud pública y la calidad del medio ambiente.
Entre tanto, seguimos discutiendo que si educación ambiental, que si para el desarrollo sostenible, que si para la sostenibilidad, que si hacia la sostenibilidad... Y seguiremos. Seguramente no haya una “educación ambiental”, sino muchas. Quizás partan de objetivos y planteamientos diferentes. Quizás hasta exista una educación ambiental neoliberal (Meira, 2002). Y esto también nos hará avanzar. Evidentemente, hay diferentes intereses y maneras de pensar y entender esta educación, pero eso es riqueza en el debate ¿O no es ese el valor de la diversidad y de la multiculturalidad? Diferentes maneras de ver las cosas o el origen de los problemas, discordantes formas de explicar su cómo y su por qué. Pero todas con un común “para qué”: un mundo más bello.
En el camino recorrido por De rerum natura hemos descubierto muchas cosas. Quizás todavía discutamos por su definición, pero al menos, hemos aclarado otros elementos. Sabemos que medio ambiente no es sólo la naturaleza (de hecho no hemos encontrado ninguna definición en ese sentido entre todas las halladas, que no han sido pocas). Por lo tanto, hemos descubierto y reconocido que la educación ambiental no trata sólo de pajaritos, árboles o ballenas. Sabemos que no se basa en verdades absolutas, que se mueve en la incertidumbre. Sabemos que el conocimiento no cambia directamente el comportamiento. Que no busca tanto el cambio actitudinal o comportamental como acciones que transformen la sociedad y el planeta en otra realidad. Que no compete exclusivamente a la infancia y a la juventud. Y que no es apolítica, en la medida en que confiere a quien aprende la calidad de sujeto constructor de conocimientos y ofrece un espacio de convergencia entre el mundo natural y el social; una convergencia que propicia la creación tanto en el ámbito social como en el individual, que rompe con el pensamiento lineal y propicia decisiones, prácticas y acciones innovadoras y creativas. Se han hecho muchos trabajos e investigaciones, se han realizado muchos encuentros de diferentes niveles, se ha integrado en los currículos… y se han producido “cambios”. No “el cambio”. De acuerdo.
Sin embargo, eso es la educación sin apellido: un proceso de cambios. Un proceso de siembra constante que comenzó cierta gente convencida hace muchos años. Algunas semillas han brotado y de ellas han crecido plantas vigorosas. Hay otras que no han encontrado (aún) las condiciones para poder germinar, bien porque no eran adecuadas, bien por el contexto. Las plantas que se desarrollan, prosperan y fructifican darán nuevas semillas que producirán nuevos “cambios”. Todos estos “cambios”, quizás algún día, formen parte del “cambio”. La transformación cultural, global e integral en clave de un mundo más bello, unas personas más felices y una sociedad más creativa e imaginativa.
Y va brotando, brotando. Como el musguito en la piedra.


domingo, 26 de mayo de 2013

Mi último trabajo: De rerum natura. Hitos para otra historia de la educación ambiental. Editorial Bubok.

Os invito a leer mi último trabajo. 

La web https://sites.google.com/site/historiaeducacionambiental/desglosa y ofrece el contenido de la publicación Gutiérrez Bastida, J. M. (2013). De rerum natura. Hitos para otra historia de la educación ambiental. Sevilla: Bubok.

“Y va brotando, brotando, como el musguito en la piedra” 

Esta publicación es la segunda pata de lo que pretende ser una trilogía que comenzó con "Sus tenere. Sostenibilidad vs Mercado y Tecnología".

¿Qué visiones de la educación y del medio ambiente han convivido a lo largo de la historia? ¿Cuándo se habla por primera vez de educación ambiental? ¿Cómo se define en sus primeros momentos? ¿Cuál ha sido el desarrollo de la educación ambiental, especialmente, en los últimos 40 años? ¿Es cierto que su objetivo es cambiar conductas? ¿Se dedica exclusivamente a los pájaros y árboles, a la naturaleza? ¿Cuál es el papel del sistema de Naciones Unidas en su evolución? ¿A qué responde la propuesta de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en los años 90? ¿Cuál es la foto actual? ¿Qué espacios de encuentro y divergencia se encuentran entre las diferentes visiones?…


https://sites.google.com/site/historiaeducacionambiental/