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domingo, 19 de octubre de 2014

Briceño, H y Romero, R (2007) Formación de valores en educación ambiental para la conservación del ecosistema.


El propósito general de la investigación fue analizar la formación de valores en educación ambiental para la conservación del ecosistema en la asignatura Educación Ambiental de la Licenciatura de Educación Integral de la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt (UNERMB). Se aplicó una estadística descriptiva, obteniendo como resultado diferencias significativas entre la ponderación que se le asigna a los criterios de instrucción, concepción del aprendizaje y la evaluación en los elementos del currículo; así como en las dimensiones de la conservación del ecosistema; por lo cual se establecen unos lineamientos pedagógicos a nivel curricular y metodológico, para la formación de valores de conservación del ecosistema.

Introducción
El hombre enfrenta actualmente múltiples problemas afectando, en mayor o menor grado, tanto al mundo oriental como al occidental; en los cuales están: deterioro de la salud, degradación del ambiente, de las relaciones internacionales, el consumismo, desigualdad, pobreza extrema, los prejuicios raciales, violencia, corrupción, pérdida de la identidad cultural, deterioro general de la calidad de vida, entre otros, éstos problemas se manifiestan en las diferentes culturas y además, acaban formando parte de esa red de relaciones globales que tiene lugar el planeta (González,1999).
Además, los cambios acelerados en el ámbito científico, tecnológico, comunicacional, industrial, obligan a una reorientación de la educación universitaria sobre la base de un nuevo paradigma sustentado en valores y actitudes que brinden sentido con armonía a la vida del hombre.
En la cultura universitaria, la globalidad nunca ha tenido aceptación por no acoplarse bien con las exigencias del mundo productivo. Pero en el mundo actual hay suficientes argumentos para aceptar la necesidad de recuperar esta tradición de otras culturas, para poder comprender un mundo más interrelacionado, cada vez más global en el que siempre existe el principio de incertidumbre, donde acuerdo con Ramos (1999), se reconoce el carácter no neutral de la ciencia y, en última instancia, hay que optar en función de unos valores.
En consecuencia, una tarea prioritaria y que debe ser tomada en cuenta como pilar básico, es el análisis de programas sobre la conservación del ecosistema, donde se ha ido adquiriendo sobre un papel ecológico en el mantenimiento de procesos fundamentales a escala regional y global, lo cual le ha valido el reconocimiento de ser uno de los tipos de ecosistemas importantes por su productividad de bienes y servicios a la población en el Municipio Miranda y la Costa Oriental del Lago de Maracaibo.
Estos sistemas naturales se encuentran seriamente amenazados, y se hace necesario incluir programas específicos en las universidades, encaminados a su protección y conservación, ya que estos sistemas ecológicos propician beneficios importantes para la economía y el bienestar de los seres humanos.

Formación de valores
Los valores son ejes fundamentales porque orientan la vida humana y constituyen, a su vez, la clave del comportamiento de las personas. En el horizonte de todo comportamiento humano se halla algo que da sentido a la actuación individual como social de las personas en el cual explica el desarrollo cultural de las comunidades humanas; esto son precisamente los valores. Sin ellos la vida carecería de sentido, la convivencia sería imposible donde el ser humano perdería completamente su norte y dirección, por eso la crisis de conciencia, del sentido de la vida, así como también la sociedad en su conjunto (Rodríguez, 2000, Sandrea, 2004).
La formación personal de los valores nace, primariamente, en el seno de la familia. La personalidad se construye a través de una experiencia interior inscrita en el entorno familiar que transmite al individuo todo un sistema cultural impregnado de valores. En virtud de la comunicación con los padres, el niño descubre las normas y reglas vigentes en las relaciones sociales y el mundo de valores que aquellas conllevan (Peñalosa, 1995).
Los valores no son un producto de la circunstancia de la comunicación, pero sí se hallan asociados a ella. En el proceso de formación de la personalidad, los valores son aquellos ejes que forman parte de la configuración interior y definen la orientación general de los comportamientos. Es sabido que la formación de la persona humana se halla ligada a la participación de los otros relevantes sobre cuyo modelo y exigencias se construye la propia personalidad y sus valores. La capacidad de comunicación del creyente con el otro relevante hace posible la construcción de unos valores humanos de dimensión trascendente.
De acuerdo con Izquierdo (1998), los valores pueden desempeñar las funciones siguientes: (a) los valores son patrones que sirven para ganar la vida de los hombres, (b) orientan la actividad humana en las situaciones concretas de la vida, (c) mediatizan la percepción que nos formamos de los demás y de nosotros mismos. Sirven de base para juzgar a los demás, (d) el sistema de valores en un plan general de apoyo y ayuda para evaluar, resolver conflictos y tomar decisiones, (e) sirven para mantener y exaltar el autoestima, (f) son metas ideales que trascienden a las situaciones, (g) son patrones normativos y determinantes de actitudes y conductas, (h) el mundo de los valores constituye la puerta de entrada del mundo de la trascendencia, (i) el sentido trascendente de los valores fundamenta la fraternidad como la solidaridad humana, (j) el valor siempre se refiere al ser humano pero el valor moral trasciende a su portador.
Por ello, al educar en el proceso de valoración implica arbitrar los medios necesarios para que los alumnos conozcan los propios valores en las diversas etapas del proceso evolutivo, manifiesten preferencias respecto a los valores descubiertos y se adhieran aquellos donde se consideren importantes para dar sentido a la vida.
(...)

Tomado de: Briceño, H y Romero, R (2007) Formación de valores en educación ambiental para la conservación del ecosistema. TELOS. Revista de Estudios Interdisciplinarios en Ciencias Sociales. Vol. 9 (3): 491 – 508.

Accesible en (2014-10-09): http://www.publicaciones.urbe.edu/index.php/telos/article/view/3282/4174

miércoles, 4 de junio de 2014

Romero Cuevas, R.M. (2014): Algunos obstáculos y perspectivas de la educación ambiental


Algunos obstáculos y perspectivas de la educación ambiental
[...]
La crisis ambiental nos demanda la búsqueda de nuevos diálogos, de nuevos saberes y de nuevas formas de aprehender el mundo. En este contexto es necesario preguntarnos: ¿cuál es la potencialidad formativa de la educación ambiental?, ¿puede la educación ambiental favorecer el descubrimiento y construcción de la realidad?, ¿de qué manera la educación ambiental abre la posibilidad de la comprensión del otro?, ¿puede abrir puertas a la comprensión de la complejidad?, ¿estar formado ambientalmente constituye una manera de pensar y de pensarse?, para ello debemos inquirimos el sentido de la formación ambiental como arte de vivir. 
La educación ambiental pretende religar el ser en sus distintas dimensiones, desde nuestro punto de vista, ello implica recuperar en un solo sistema: su hacer, su saber, su
sentir, su crecer, su estar y su soñar, encontrar otras formas de pensar y pensarnos en nuestro mundo (Razo, 1989). En este sentido Enrique Leff habla del “saber ambiental” como un saber que restablece las vinculaciones. Una fuente posible de saber ambiental es el arte, la estética como manera de ver y conocer la realidad. 
Refundar la cultura desde la educación ambiental significa repensar la educación: 
  • En su carácter simbólico, como expresión de cultura y situaciones ambientales y como manifestación de la sensibilidad y compromiso humanos, como una manera de trascender las fronteras de la racionalidad instrumentalista. 
  • Las relaciones entre imaginación y creación para pensar lo no pensado e instaurar nuevas ideas, visiones, percepciones y significados simbólicos sobre formas de vida y generar registros sobre lo ideal y lo deseado. 
  • Las posibilidades de ir hacia una racionalidad ambiental, como trazos de un camino de transformación social. Innovar sociedades y convertirnos, no es sólo un proceso racional sino un proceso emocional. 
  • Desarrollar la capacidad de emocionarse y comprometerse con la vida, como base de una nueva ética. 
  • Abrir la posibilidad de que todos seamos partícipes de la vida como arte, de la posibilidad de crear, abrir una gama infinita de posibilidades en diversos grupos de la población, ampliar así sus opciones imaginativas y fortalecer el espíritu humano. 
  • Fundar la política y filosofía de la diferencia para responder, ¿cuál es la relación del ser humano consigo mismo?, ¿cuál su relación con los otros y lo otro? (Razo, 1990). Son preguntas que han estado ausentes de la filosofía de la modernidad.
Por eso cabe preguntar desde la educación ambiental: ¿En qué consiste la nueva sensibilidad deseable de la filosofía? ¿Cabe limitarse a una mejor comprensión de la realidad?; Liberar el pensamiento de la tradición filosófica, siguiendo los objetivos de la Carta de Belgrado y generar los compromisos éticos, políticos y estéticos para pensar una nueva forma de cultura, una comunidad basada en la racionalidad ambiental, que involucre generar nuevas formas de comunicación y convivencia que no asfixien a la persona con sus singularidades en el espacio de lo idéntico y aislado. En otras palabras es tarea de la educación ambiental generar los compromisos de una sociedad que habrá de ser crítica de lo existente y creativa con el porvenir. 
[...]

Tomado del Boletín del CENEAM: http://www.magrama.gob.es/es/ceneam/articulos-de-opinion/2014-6-Romero_Cuevas_tcm7-330204.pdf