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domingo, 25 de enero de 2015

Herrero, Y. (2013) Miradas ecofeministas para transitar a un mundo justo y sostenible


La perspectiva ecofeminista proporciona claves, creemos, necesarias para  repensar las contradicciones actuales, revertir los imaginarios dominantes y  proponer nuevas formas de relación con la naturaleza y entre las personas que permitan caminar hacia una cultura de paz que pise ligeramente sobre la tierra  (Shiva 2006). 
Nacido en los años 70, el ecofeminismo es una corriente de pensamiento  y un movimiento social que explora los encuentros y sinergias entre ecologismo  y feminismo. A partir de este diálogo, pretende compartir y potenciar la riqueza  conceptual y política de ambos movimientos, de modo que el análisis de los  problemas que cada uno afronta por separado gana en profundidad, complejidad  y claridad (Puleo 2011). Aborda la problemática de las relaciones entre las  personas y con la naturaleza desde visiones muy diferentes. Por ello, más bien,  debemos hablar de ecofeminismos.
Todos los ecofeminismos desarrollan una mirada crítica sobre el actual  modelo social, económico y cultural y proponen una mirada diferente sobre la  realidad cotidiana y la política, visibilizando y dando valor a elementos, prácticas  y sujetos que han sido designados por el pensamiento hegemónico como  inferiores y que, siendo absolutamente cruciales para la existencia humana, han  sido invisibilizados.  Desde los puntos de vista filosófico y antropológico, el ecofeminismo  permite reconocernos, situarnos y comprendernos mejor como especie, permite  comprender las causas y repercusiones de la estricta división que la sociedad  occidental ha establecido entre Naturaleza y Cultura, o entre la razón y el  cuerpo; permite intuir los riesgos que asumen los seres humanos al interpretar la  realidad desde una perspectiva reduccionista que no comprende las totalidades,  simplifica la complejidad e invisibiliza la importancia central de los vínculos y las  relaciones para los seres humanos. 
[...]  Sólo se podrá salir de una forma digna de esta crisis planteando otras  preguntas: cómo debemos habitar la tierra; qué mantiene vivas a las personas  y, por tanto, qué debemos conservar; cuáles son las necesidades que hay que  satisfacer para todas; cómo se distribuyen los bienes y el tiempo de trabajo;  quiénes y cómo toman las decisiones en nuestras sociedades...  Morin (2005) apunta la realimentación mutua que existe entre las personas  y las sociedades en las que se desenvuelven. Las personas se comprenden a sí  mismas, entienden las relaciones y el propio mundo en el que viven, dependiendo  de la sociedad en la que habitan y de los valores que reciben de ella durante el  proceso de socialización. Pero a su vez, son estas personas las que determinan  cómo es la sociedad en la que viven con su propia actuación.
 [...]  En cada encrucijada de este camino, ante cada duda, convendrá preguntarse  qué piensa el feminismo. Tenemos un grave problema de espacio y tiempo y el  movimiento feminista ha pensado mucho sobre ambas temas. Si la sociedad  androcéntrica relegó los vínculos y las relaciones de interdependencia al espacio  oculto de los hogares, entonces hoy regenerar la sociedad y la democracia  requiere valorar la experiencia, aquello "sabido no pensado" (Hernando 2012)  que forma parte del bagaje aprendido en los márgenes que la sociedad patriarcal  obligó a ocupar a las mujeres.  Después de estas reflexiones queda al fin un interrogante esencial:  ¿Seremos capaces de forzar estas transiciones?  ¿Podría producirse este cambio cultural en un mundo asentado  estructuralmente en la insostenibilidad? ¿Tenemos tiempo para este cambio? No  tenemos certezas. Sólo una: tenemos la responsabilidad de intentarlo, cambiar  el rumbo suicida de la historia y reinventar un mundo social y ecológicamente  sostenible.  Resume bien Ortega y Gasset nuestra situación cuando en su artículo  Verdad y Perspectiva decía en el difícil año de 1916:  "Estamos entregados a nosotros mismos: nadie nos protege ni nos dirige.  Si no tenemos confianza en nosotros, todo se habrá perdido.  Hegel encontró una idea que refleja muy lindamente nuestra difícil  situación, un imperativo que nos propone mezclar acertadamente la  modestia y el orgullo: Tened —dice— el valor de equivocaros."

   
Herrero, Y. (2013) Miradas ecofeministas para transitar a un mundo justo y sostenible.  Revista de economía crítica, 16, 278-307 

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