La investigación que se presenta en este artículo se basa en un estudio exploratorio sobre la visión de un grupo de futuros maestros de educación primaria en relación a la Educación para la Sostenibilidad desde un punto de vista competencial. En primer lugar se redefine un marco conceptual de competencias profesionales de los maestros en Educación para la Sostenibilidad, basado en la especificación del concepto de competencia, el rol como formadores, las competencias generales y el desarrollo profesional en Educación para la Sostenibilidad. Este marco competencial a su vez orienta la exploración de la visión sobre competencias profesionales de los futuros maestros, que constituye el segundo objetivo de esta investigación. El instrumento utilizado es un cuestionario al que han respondido un grupo de 32 alumnos de 3.º de Magisterio de la diplomatura de Educación Primaria, el análisis del cual ha sido básicamente cualitativo. Algunos de los resultados indican que los futuros/as docentes, participantes en el estudio, enfatizan la clarificación de valores, la capacidad de tomar decisiones, participar y actuar para el cambio, pero por el contrario no consideran visionar escenarios de futuro, el pensamiento crítico, el diálogo entre disciplinas y la gestión de las emociones y preocupaciones, competencias profesionales esenciales en la Educación para la Sostenibilidad. Se considera que los resultados obtenidos pueden orientar el diseño de estrategias didácticas y herramientas de evaluación para la mejora de la formación inicial del profesorado en el ámbito de las competencias profesionales en Educación para la Sostenibilidad.[…]A partir del estudio exhaustivo de diferentes definiciones del término competencia y de la triangulación de los diferentes referentes y modelos teóricos citados anteriormente [CSCT Project (Sleurs, 2007); Modelo ACES (Junyent, Geli y Arbat, 2003) y Criterios de Calidad para Escuelas Sostenibles (Breiting, Mayer y Mogensen, 2005)], se propone la siguiente definición para la competencia profesional en Educación para la Sostenibilidad: La competencia de educar a la ciudadanía para construir un mundo más justo, equitativo y sostenible. Implica la combinación de habilidades prácticas, conocimientos, motivación, valores éticos, actitudes y emociones, y otros componentes sociales y de comportamiento que se movilizan conjuntamente ante un reto de sostenibilidad a nivel social, ambiental y/o económico que se sitúa en un determinado contexto cultural y en el entorno educativo. Son las competencias que tendrían que contribuir a mejorar la calidad de vida de la población y a construir una sociedad y un futuro más sostenible a través de la educación.
Podemos complementar esta definición indicando que se trata no de una única competencia, sino de una constelación de competencias que deberían contribuir a la mejora de la calidad de vida de la población. En el ejercicio de concreción de la definición identificamos una serie de competencias profesionales, el conjunto de los cuales dota de entidad a la competencia profesional global en ES. Estas competencias profesionales se conceptualizan como las capacidades que debe desarrollar el/la docente en su ejercicio profesional para incorporar una dimensión de ES en el proceso de enseñanza-aprendizaje en Educación Primaria. El marco competencial que proponemos viene configurado por las siguientes competencias: – Visionar escenarios de futuro/alternativos: La capacidad de promover en el alumnado la comprensión de los diferentes futuros posibles y el trabajo con visiones y escenarios, buscando caminos alternativos y cambios para el futuro. – Contextualizar: La capacidad de trabajar con el alumnado las diferentes dimensiones de un problema o acción, la dimensión espacial (local-global) y la dimensión temporal (pasado, presente y futuro). – Trabajar y vivir con la complejidad: La capacidad de identificar y conectar las dimensiones ecológica, económica y social de un problema. El profesorado y el alumnado aceptan la incertidumbre y se generan las condiciones para el pensamiento sistémico en el entorno escolar. Se fomenta la capacidad de mirar a las múltiples causas y efectos cuando se exploran y se participa en situaciones. – Pensar críticamente: Crear las condiciones para el pensamiento crítico en el entorno escolar para cuestionarse asunciones y reconocer y respetar diferentes tendencias en diferentes situaciones. Promover en el alumnado la reflexión sobre las suposiciones que se encuentran debajo de cada crítica, opinión o manera de ver. – Tomar decisiones, participar y actuar para el cambio: Promover en los alumnos la capacidad de moverse de la conciencia a la acción, compartir responsabilidades e involucrarse en acciones conjuntas. La participación proporciona la motivación para discutir, encontrar soluciones y actuar en un contexto determinado. – Clarificar valores: El profesorado es capaz de promover la clarificación de valores y comportamientos hacia la sostenibilidad reforzando la reflexión, el respeto mutuo y la comprensión de otros valores entre el alumnado. – Establecer diálogo entre disciplinas: Desarrollar una enseñanza y aprendizaje basado en un diálogo entre disciplinas, planteado con un enfoque integrador e interdisciplinar. – Gestionar las emociones: Promover en el alumnado la capacidad de escuchar las propias emociones, preocupaciones, inquietudes y a utilizarlas como medio para llegar a un conocimiento más profundo de los problemas y las situaciones, desarrollando resiliencia. […] Los futuros maestros y maestras, durante su formación inicial, tendrían que poder adquirir las competencias profesionales que les capaciten para hacer frente a los diferentes retos de sostenibilidad que se les planteará durante su práctica profesional, y por lo tanto, es necesario poder valorar si esta formación les aporta los conocimientos, las habilidades prácticas, las herramientas, las actitudes y los valores éticos que harán posible que sean capaces de afrontar estos retos. Procesos de ambientalización curricular con un enfoque competencial deberían ser planteados e implementados en las instituciones de formación del profesorado desde y en el contexto particular de cada institución. […]
Más info: http://ensciencias.uab.es/article/view/v32-n1-cebrian-junyent
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El mediático asesinato del activista brasileño hace 25 años no sirvió para frenar el asedio a los ecologistas: solo en la última década han caído otros 908 por defender el planeta
Era diciembre de 1990. Un terrateniente y su hijo eran condenados a 19 años por el asesinato del recolector de caucho, líder sindical y ecologista brasileño Chico Mendes, un trágico suceso del que se acaban de cumplir 25 años. Pese a lo pacífico de su lucha contra las empresas madereras que deforestaban el Amazonas, los dos hacendados decidieron meterle un balazo en el pecho, de noche y en su propia casa. Poco antes de su asesinato, Mendes pronunciaba estas palabras durante un discurso: "No quiero flores en mi tumba porque sé que irán a arrancarlas a la selva. Sólo quiero que mi muerte sirva para acabar con la impunidad de los matones que cuentan con la protección de la policía de Acre y que desde 1975 han matado en la zona rural a más de 50 personas como yo, líderes seringueiros (recolectores de caucho) empeñados en salvar la selva amazónica y en demostrar que el progreso sin destrucción es posible".
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1. Mendes, ante la sede de su sindicato.
2. Dorothy Stang.
3. Gonzalo Alonso Hernández.
Se dijo entonces que aquella sentencia a los culpables suponía un precedente histórico para Brasil. Puede ser, pero desde luego no ha conllevado en absoluto un freno a este tipo de atentados contra activistas del medio ambiente. En 2005, el entonces presidente Luis Inacio Lula da Silva se vio obligado a desplegar 2.000 soldados en el área brasileña del denominado ‘pulmón del planeta’ para poner orden en esa jungla sin ley: acababan de asesinar a cuatro ecologistas y defensores de los 'sin tierra', entre ellos, otro icono de esta lucha, la religiosa estadounidense nacionalizada brasileña Dorothy Stang. Se dejó la vida ayudando a las familias campesinas contra los intereses de terratenientes y hacendados en el Amazonas. Las amenazas de muerte eran constantes, pero no podían con ella. Esto es lo que llevaba escrito en su camiseta: "La muerte del bosque es el fin de nuestra vida". Una mañana caminaba a una reunión con varios trabajadores cuando dos hombres le metieron seis balazos en el cuerpo. Un cadáver más junto a los de casi 800 campesinos caídos por este motivo en las últimas tres dácadas solo en el estado de Pará. Todos ellos impunes, excepto el de la monja; cinco años más tarde sentenciaban a 30 años de cárcel al hacendado que ordenó su asesinato. Tampoco este sonado crimen contribuyó a que se pusieran todos los medios necesarios para detener una masacre avalada por los datos.
Coincidiendo con el aniversario de la muerte de Mendes, el grupo Global Witness (ong que lucha, según su definición, por "cambiar el sistema exponiendo los intereses económicos que se esconden tras los conflictos, la corrupción y la destrucción medioambiental") acaba de hacer público un informe titulado ‘Ambiente mortal’ en el que, entre 2002 y 2013, contabilizaron en 35 países 908 asesinatos de ecologistas y defensores del derecho a la tierra para los más desfavorecidos. Más del 80% de estos atentados tuvieron lugar en América Latina y en Brasil, siendo este país el peor para los abanderados de esta lucha: a él corresponden 448 de estas muertes. Le siguen Honduras (109) y Filipinas (67). La ong señala que el año 2012 fue el más sangriento de todos los registrados en el informe, con 147 fallecimientos, cerca del triple que en 2002. Tampoco es que la Justicia esté haciendo bien su trabajo, ya que detrás de todas estas muertes solo hay diez culpables entre rejas. "Estos datos demuestran que nunca había sido tan importante proteger el medioambiente como ahora, y que nunca había sido más arriesgado", dice Oliver Courtney, portavoz de Global Witness.

1. Jairo Mora.
2. Kimberly Blackwell.
Chico Mendes inspiró a muchos otros, y algunos de ellos, bastantes, demasiados, también acabaron como él. Gente valiosa, preciosa, héroes como Gonzalo Alonso Hernández, biólogo español de 49 años que el pasado agosto fue asesinado en su casa, al parecer después de sufrir algún tipo de tortura, y arrojado después a una cascada en el Parque Cunhambebe, en el estado de Río de Janeiro. Allí vivía junto a su esposa desde hacía una década, dedicado a defender esa tierra de furtivos y pirómanos con intereses ganaderos, a los que llegaba a hacer una especie de seguimiento policial, fotografiándoles en pleno delito. Su familia denunció en febrero que la investigación está "paralizada".
También cayó por la causa el joven costarricense Jairo Mora, en su empeño por defender los huevos de las tortugas laúd en el Caribe de su país. Su cuerpo apareció tendido en la misma playa donde acostumbraba a combatir a los saqueadores, desnudo y con un tiro en la cabeza. Así hablaba él tres semanas antes de ser asesinado: "Sí da miedo, pero en la playa todo el mundo me conoce y sabe que me llamo Jairo".
En ese mismo país, en su casa en Osa, fue tiroteada en 2011 la conservacionista canadiense de 53 años Kimberly Blackwell, casi con toda seguridad por sus continuos enfrentamientos con los furtivos en aquella reserva de la naturaleza. Dedicaba parte de su tiempo a la fabricación de chocolate casero y amaba a los animales.
Y así, hasta casi mil historias más... solo en la última década. Mendes, además de a otras personas, inspiró canciones, como 'Cuando los ángeles lloran', del grupo Maná. Paul McCartney escribió pensando en él 'How Many People'. Y Raúl Juliá hizo de él en un documental. Algunos no entienden la lucha ecologista, emplear tiempo, esfuerzo y dinero en salvar ballenas o bosques cuando hay niños muriendo de hambre y en guerras. Por supuesto. Pero Mendes lo explicaba así: "Al principio pensaba que estaba luchando para salvar los árboles de caucho. Luego pensé que lo hacía para salvar la selva amazónica. Ahora me doy cuenta de que estoy luchando por la humanidad". Éste es el vídeo con la canción de Maná mezclado con imágenes de la película protagonizada por Raúl Juliá.