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jueves, 9 de enero de 2014

Suzete Moreira-Wachtel, Eloísa Tréllez Solís (2013): La interpretación del patrimonio natural y cultural. Una visión intercultural y participativa.

Buenas noticias desde el otro lado del océano de mano de la amiga Eloisa Tréllez.



Cuando se hace referencia al acercamiento a la naturaleza, surgen imágenes de bosques, ríos, lagos, aves o flores. Pocas veces aparece la sensación de que los seres humanos somos también parte de la naturaleza, venimos de ella y vivimos gracias a ella. Al parecer, la idea de ese nexo vital en ocasiones resulta disminuida, en función de otras premisas relacionadas con la urbanización, el llamado desarrollo y las diversas tecnologías.
Sin embargo, las culturas (del latín cultura, cultivo, acción de cultivar), nuestras culturas, se han formado a lo largo de siglos, en un proceso articulador con la naturaleza, aprendiendo y practicando, transformando y recibiendo. Así, la cultura puede comprenderse, en una de sus diversas definiciones, como un conjunto de saberes, creencias, prácticas, costumbres y comportamientos, que caracterizan a grupos de personas, y que se convierten en su forma de vida.
Las culturas, en su vínculo directo con la naturaleza, se sitúan en el territorio donde las personas viven y se relacionan. Sus saberes y creencias se derivan de los espacios naturales, de la manera como llegan al conocimiento, como se desarrollan sus prácticas y se organizan las actividades sociales.
Es importante recordar que el territorio es mucho más que un simple espacio físico poblado, puesto que justamente ha sido construido por los grupos sociales a través del tiempo, de acuerdo con sus tradiciones, pensamientos y proyecciones, y por lo tanto incluye los valores y las expresiones vitales de las culturas que lo habitan. De este acercamiento, o vínculo de vida, de los seres humanos y la sociedad misma, con la naturaleza y con su territorio, se ha ido conformando un conjunto de bienes materiales y espirituales, tangibles e intangibles, que llamamos patrimonio. 
Siguiendo esa idea, el patrimonio, es decir, nuestros bienes, debe ser cuidado y conservado, en sus diversas expresiones naturales o culturales. La Unesco, en 1972, aprobó la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural, en cuyo artículo 4 se señala que los Estados reconocen su obligación de “identificar, proteger, conservar, rehabilitar y transmitir a las generaciones futuras el patrimonio cultural y natural situado en su territorio”.
(...)
El patrimonio natural y cultural, como acabamos de ver, se relaciona estrechamente con la diversidad biocultural. Tiene profundos nexos con los saberes, con las identidades y la interculturalidad, con la valoración, el sentido y la sabiduría de quienes habitan los lugares patrimoniales, y con las emociones, conocimientos y sentimientos de quienes los visitan.
Por eso, una de las tareas más importantes al iniciar la reflexión sobre qué se entiende por interpretación del patrimonio, es plantear la necesaria búsqueda de un acercamiento respetuoso, sensible y vital de las personas a los valores que están presentes en la naturaleza y las culturas.
Al parecer, la primera vez que se usó el término interpretación fue a fines del siglo XIX, cuando el naturalista John Muir anotó en su cuaderno de apuntes: “Voy a interpretar las rocas, aprender el lenguaje de las inundaciones, las tormentas y avalanchas. Voy a conocer personalmente los glaciares y jardines silvestres y llegar lo más cerca posible del corazón del mundo”.
(...)

El objetivo general de la interpretación es dar a conocer, hacer sentir y valorar un patrimonio natural y cultural para su conservación y protección. Es decir, con la interpretación del patrimonio se pretende:
• Transmitir valores
• Compartir saberes, experiencias y vivencias
• Generar alegría, placer, interés, admiración y respeto
• Promover la reflexión y el pensamiento integrador
• Ampliar la conciencia y la percepción respecto del mundo natural, las
culturas y sus interrelaciones
• Incentivar el cuidado y la conservación de la naturaleza
• Promover cambios positivos de comportamiento
• Propiciar el respeto a las diferencias
• Fomentar la participación de los visitantes y de los pobladores del lugar
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Suzete Moreira-Wachtel, Eloísa Tréllez Solís (2013): La interpretación del patrimonio natural y cultural. Una visión intercultural y participativa. Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit (GIZ) GmbH Programa Desarrollo Rural Sostenible (PDRS) y Ministerio del Ambiente Dirección General de Educación, Cultura y Ciudadanía Ambiental de Perú. Accesible aquí. 

El presente manual, orientado a públicos diversos, representa el interés por propiciar una mayor y mejor reflexión sobre el patrimonio desde perspectivas naturales y culturales, con una visión intercultural y participativa, de manera que se logre sensibilizar a la población acerca de la importancia del cuidado y la conservación para poder avanzar hacia un futuro sostenible.



miércoles, 8 de enero de 2014

M. Pardellas, Lucía Iglesias y P. Meira: Iniciativas en transición. Nuevos escenarios para una educación ambiental comunitaria.


El movimiento Ciudades en Transición inició su andadura en el 2005, y desde entonces ya se ha extendido a países. Su principal objetivo es la búsqueda de nuevos caminos ante retos como el cambio climático y la disponibilidad decreciente de petróleo. No solo propone iniciativas como la creación de huertos colectivos y mercados de trueque, sino que reivindica la educación ambiental como práctica social transformadora.

Tomemos un barrio al azar, un territorio físico definido y abarcable, una población más o menos estable que comparte necesariamente el espacio y un conjunto de dinámicas rutinarias que pueden, o no, ser desarrolladas de forma colectiva. A continuación añádanse dos preocupaciones de carácter global: el pico del petróleo, o lo que es lo mismo, su disponibilidad decreciente en un futuro inmediato, y el cambio climático, y analícense sus consecuencias sobre nuestro entorno más cercano. Ante esta amalgama necesitaremos un utensilio colectivo para hacerle fren-te: un trabajo en comunidad que haga más resistente nuestro barrio a los futuros cambios. Mézclese todo con huertos urbanos, mercados de trueque y monedas sociales, entre otras actividades, y sazónese adecuadamente con espacios lúdico-festivos en los que poder celebrar conjuntamente con el vecindario cada uno de los logros alcanzados.
De forma figurada, esta podría ser una de las muchas recetas que, con el nombre de "iniciativa" o "comunidad en transición" (Transition Towns), están desarrollándose en la actualidad en muchas localidades del planeta; procesos colectivos y participativos en los que las comunidades deciden conjuntamente cómo hacer frente, a pequeña escala, a los problemas del cambio climático y el pico del petróleo. Iniciativas en las que la acción continuada en el ecosistema-comunidad permite un contacto directo de los participantes con la naturaleza urbana y no urbana que los rodea.
Y es aquí donde queremos desarrollar nuestra tesis: las iniciativas en transición son procesos participativos y educativos que se desarrollan en un determinado ecosistema-comunidad. Al facilitar el contacto directo con la naturaleza, constituyen una oportunidad para la educación ambiental que, a su vez, puede contribuir al éxito de estos procesos, promoviendo, capacitando, ampliando y mejorando los instrumentos de participación. La conjunción de ambos aspectos se presenta en este artículo como un aliciente para la elaboración de estrategias conjuntas en las que transición y educación ambiental se combinan con éxito.
(...)
Estamos convencidos de que el establecimiento de puentes de colaboración entre el movimiento en transición y el de educación ambiental puede generar sinergias en lasque la transición se beneficie de la trayectoria práctica y teórica de la educación ambiental y, a su vez, la educación ambiental disponga de nuevos espacios en los que evolucionar, madurar y desarrollar acciones acordes con su propósito de acrecentar la justicia ambiental y social. El acompañamiento de los procesos de transición con estrategias educativo-ambientales significadas, reflexivas y críticas se presenta aquí como fórmula posible para subsanar una debilidad y, al mismo tiempo, como una oportunidad para reivindicar la educación ambiental como práctica social transformadora que está presente en iniciativas de nuevo cuño, pero de voluntades compartidas. (...)

Tomado de Miguel Pardellas, Lucía Iglesias y Pablo Meira: Iniciativas en transición. Nuevos escenarios para una educación ambiental comunitaria. CUADERNOS DE PEDAGOGíA. N° 439 NOVIEMBRE 2013.