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lunes, 10 de octubre de 2011

Juventud, políticas públicas de medio ambiente y educación ambiental

Traemos aquí el artículo de la firma del mes del Boletín del Ceneam. En él, una amiga de la Confint, Zanna Matos nos cuenta su investigación.
JUVENTUD, POLÍTICAS PÚBLICAS DE MEDIO AMBIENTE Y EDUCACIÓN AMBIENTAL L: ESTUDIO DEL COLECTIVO JOVEN DE MEDIO AMBIENTE, SALVADORBAHIA-BRASIL Zanna María R. de Matos
La participación de jóvenes en colectivos, en este caso los que reflejan políticas públicas y medio ambiente, constituye una fértil oportunidad para formar sujetos sociales. En este sentido, se observa también que la educación no formal es una herramienta eficaz para el cambio de comportamiento entre los jóvenes, y que en Brasil ese tipo de inversión pública contribuye significativamente para mejorar a la población juvenil en muchos sentidos, sobre todo en la implementación de la Política Nacional de Educación Ambiental, incluso en lo que se refiere a las decisiones políticas de largo alcance. Ésta ha sido nuestra inquietud personal, sobre una temática bastante innovadora y con una demanda cada vez más creciente. En Brasil, con toda su dimensión y problemas sociales existentes, los jóvenes constituyen un sector de población que requiere atención especial. Una categoría que se encuentra en el medio de la pirámide poblacional, y hasta entonces, sin ayudas en el campo jurídico brasileño. Brasil tiene cerca de 4800 millones de habitantes entre 15 y 29 años, de los cuales 34 millones tienen entre 15 y 24 anos (IBGE, 2000). Sin embargo, el debate acerca de la juventud sólo se hizo público en la década de los 90, cuando investigadores, órganos internacionales y movimientos juveniles pasaron a enfatizar la singularidad de la experiencia social de la generación de jóvenes, con sus vulnerabilidades y potencialidades. Actualmente en Brasil,  se valora el término “juventud”,  término que viene ganando espacio en el debate político y social, fortaleciendo su participación en acciones tanto de investigación como de participación política. 
En el área ambiental, la participación de jóvenes a través de movimientos y organizaciones de denuncia y  lucha contra la degradación ambiental y contaminación es histórica. Ese compromiso, entretanto, no ocurría en el ámbito de un movimiento  juvenil, sino a través de la actuación de personas jóvenes inmersas en esta temática. Es aquí donde comienza la diferencia entre lo que ocurría antes de 2003 y lo que está ocurriendo en Brasil respecto a la Educación Ambiental y Juventud a partir de 2003. Se hace necesario  comentar, que con la Constitución de 1988, la cuestión ambiental pasó a ser vista como derecho universal y, especialmente después de la ECO92, se incorpora a los diferentes sectores de la sociedad, incluyendo el sector joven. 
Los estudios realizados en Brasil en 2003 indican una desinformación de los jóvenes en lo que se refiere a los  temas ambientales, tienen una idea fragmentada sobre el concepto de medio ambiente y sin  conexión con las cuestiones sociales, económicas, culturales etc. Paradójicamente, es la temática ambiental la que viene atrayendo a los jóvenes,  y lo que demuestra que el tema tiene un gran potencial de movilización en ese sector demográfico. Actualmente, la juventud brasileña se encuentra en un escenario más complejo cuya problemática ambiental necesita análisis más integrados. No se trata solamente de un problema de control de contaminación, sino de cuestiones sociales, culturales, éticas y políticas. Ya no es posible abordar la temática ambiental sin relacionarla con el modelo de sociedad, de civilizaciones y de desarrollo. Los jóvenes, así como sus organizaciones, colectivos y movimientos, tienen cada vez más clara la complejidad de relaciones en el área, y perciben que los desafíos de hoy y los futuros son aun más grandes que su propia capacidad para enfrentarlos. Eso, incluso,  ayuda a retroalimentar sus ilusiones y perspectivas de actuación política, ciudadana y profesional en el área. Esta paradoja resulta beneficiosa para la juventud brasileña. 


Artículo completo en: http://www.marm.es/es/ceneam/2011-10-Zanna_Matos_tcm7-174802.pdf
                                       

jueves, 15 de septiembre de 2011

Ciencia y sustentabilidad. Marcos Antonio Dos Santos Reigota.


Ciencia y sustentabilidad. MARCOS ANTONIO DOS SANTOS REIGOTA. TRAYECTORIAS AÑO VIII, NÚM. 20-21 ENERO-AGOSTO 2006


La actual problemática ambiental representa un gran desafío ético y epistemológico para los profesionales de la ciencia. Nos exige posicionamientos políticos firmes y nos cuestiona sobre el tipo de ciencia que hemos producido: cómo, para quién, con qué fin y con qué patrocinios y compromisos. En este breve argumento inicial es posible encontrar una gran variedad de aspectos que necesitan tiempo para su concreción, así como reflexión colectiva y transdisciplinar para estar en condiciones de alcanzar algunas respuestas y alternativas.

De cualquier forma, los aspectos políticos, éticos y epistemológicos de la producción científica comprometida con la sustentabilidad merecen dedicarles un poco más de atención.
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Los argumentos anteriores dejan en claro que la noción de sustentabilidad involucra dimensiones políticas, sociales, culturales y biológicas que exigen una extensa producción y difusión de conocimientos y de principios ético-políticos. Por tanto, es en el espacio de las prácticas sociales cotidianas y en la producción de conocimientos transdisciplinarios, donde se da el primer embate político para la concreción de la sustentabilidad.
Con un fuerte componente utópico, me pregunto si en estos tiempos de tanta desilusión con la macropolítica y sus instituciones locales e internacionales, la ciencia de y para la sustentabilidad tendrá condiciones de convocar a nuevos investigadores dispuestos a usar y enfrentar al sistema de financiamiento, legitimación y difusión del conocimiento científico existente y, aun así, afirmarse en el espacio público. En otras palabras, ¿Cómo enfrentar la poderosa ciencia volcada hacia concepciones belicistas y de desarrollo económico, que pretende ser única, permanente, hegemónica y dueña de los principios y métodos correctos, “racionales” y adecuados?
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Para finalizar, a efecto de que la ciencia contemporánea pueda incorporar la noción de sustentabilidad, como he intentado explicar, o sea, para que contribuya a la construcción de una sociedad justa, democrática y ecológicamente responsable, hay un largo camino a recorrer, pero los hechos e investigaciones manifiestan que el proceso se ha iniciado. A la luz de los desafíos ambientales planetarios y particularmente los brasileños, la comunidad científica y la intelligentsia (Reigota, 1999) no podrán soslayar sus responsabilidades políticas y éticas en la producción de conocimientos y en la formación de las nuevas generaciones de investigadores en educación ambiental.
Por tanto, es importante insistir en que no existe ciencia neutral y la que se construye en la perspectiva de la sustentabilidad es una ciencia incipiente, controversial, que duda de sus resultados y aplicaciones, pero que está convencida de su pertinencia y compromiso político, así como del imperativo de una mejor y más adecuada competencia técnica.
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Artículo completo aquí.